Jugando con las palabras, como a mí bien me gusta, he elegido hoy dos términos que, por su similitud, pareciera que derivan uno de otro, cuando no es así. Aunque, por el significado figurado, extraeré una relación más que jugosa. Comencemos por el origen etimológico. El castellano ‘élite’ proviene del francés élite , y a su vez del latín eligere : elegir o seleccionar. El término designa a una minoría selecta, que posee un estatus superior al resto de las personas de la sociedad. Tradicionalmente la noción de élite estaba relacionada con la sabiduría y la virtud. Sólo los elegidos lo eran por sus méritos y virtudes, no por su origen familiar. Asimismo se mantenía un flujo transversal de tal manera que podía ser inclusivo, no constituía un coto cerrado, y su poder era influyente. Hoy en día, el concepto ha derivado hacia el exclusivismo y, desde luego, el poder adquisitivo marca mucho más que el mérito. Puerta cerrada, las credenciales mediáticas y ‘visadas’ resultan impr...
Una de cal y otra de arena. Una selección de mis artículos de actualidad. Mi columna de los sábados. Por Marisa Lanca