Nos hallamos perplejos y con una gran dosis de cabreo ante la última medida aprobada por el gobierno de España respecto a la revisión de precios en la factura eléctrica. Y no nos falta razón. Los datos se nos muestran contundentes; las reglas, precisas; y la adaptabilidad, como la única fórmula para sobrellevar el ahorro. Se trata de una imposición, eso sí, disfrazada de sostenibilidad. La luz es un bien tan preciado como imprescindible. Y la energía eléctrica debería ser considerada “de primera necesidad”, pues, mal que nos pese, a ello nos ha abocado una sociedad tecnológicamente capitalizada, hambrienta de consumidores que ejerzan su función: consumir lo máximo posible. Así, las compañías devoradoras y sus “satélites con corbata” pueden engrosar dividendos y presumir de barriga. Como buenos magnates, les gusta el lujo. Ah, pero nos ofrecen parte a los demás, cómo no: sus productos a precio de ‘ídem’. Este territorio, el de la energía eléctrica, igual que el del agua, al menos te...
Una de cal y otra de arena. Una selección de mis artículos de actualidad. Mi columna de los sábados. Por Marisa Lanca