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Mostrando las entradas etiquetadas como pandemia

Como una escopeta de feria. [No entiendo nada]

A veces una tiene la sensación de que algo está fallando, así en general. Hoy he barajado varios temas para escribir este artículo. Pretendía, en suma, que me quedara bonito, agradable, que dejara buen sabor de boca. Al fin y al cabo estamos, o casi, de vacaciones, es verano, y parece que lo que toca es el disfrute. Y debe de ser que no me hallo inspirada para exquisiteces temáticas, lo confieso. En mi teclado pesa más la realidad circundante que lo poético-sutil. Para empezar, falla el tiempo, meteorológicamente hablando. Es julio, un mes donde reina el sol y su calorcico. Pues ocurre que no sabemos dónde agarrarnos, cada día nos sorprende una climatología diferente. Y eso no ayuda al relax. Hace una semana Canadá se convertía en un horno insólito por sus altísimas temperaturas. Ha nevado en Benasque (Pirineo aragonés) mientras en el resto del país volvíamos a sacar cazadoras y calcetines. Alemania y Bélgica acaban de sufrir inundaciones lluviosas nunca vistas. Normal no es. En materi...

Encefalograma planeador

Son días extraños. No nos engañemos. Observamos la actualidad a través de los medios de comunicación y parece que el mundo sigue en marcha, a su manera, claro. Los programas de televisión en directo cuentan con los mismos protagonistas de hace más de un año; los de ocio, concursos y realities diversos continúan con sus presentadores, invitados y público, casi como si “el bicho” no fuera con ellos. Las imágenes que nos muestran de terrazas, aeropuertos, ferias, congresos, conciertos y diferentes espectáculos se asemejan bastante a las que estábamos acostumbrados antes de la pandemia, sólo que la gente que asiste a los mismos lleva en la cara un elemento raro que le tapa boca y nariz. Las películas siempre han estado ahí y no cambian, es un gran consuelo, por otra parte. Todos ansiamos esa anterior vida “normal” que un virus ha transformado en “anormal”. Vivimos en una contradicción constante. En un “quiero y no puedo”, en un “me gustaría y no me dejan”, en un “me dejan y no me atrevo...

Preocupaciones

Nos hallamos todos entretenidos, porque el mundo resulta así de caprichoso, en cómo salir a flote e indemnes de este sinvivir que es una situación pandémica. Nuestros hábitos se han visto trastocados hasta tal punto, que no nos encontramos ni a nosotros mismos. ¡Carallo! ¿Quién lo iba a decir? Recuerdo cuando cumplí los dieciocho. Estaba contenta, pues suponía para mí un cambio significativo: se me abrían las puertas a un sinfín de experiencias, entre ellas el permiso de conducir, la mayor libertad de horario, la oportunidad de salir a estudiar fuera del pueblo; a los ojos de los demás ya era una persona hecha y derecha, mayor de edad, yo misma. La vida por delante. Fantástico. Sin embargo, fue muy diferente al cumplir los veinte. No lo celebré igual. Mi sensación fue de cierto temor, me caía un gran peso encima: el peso de la responsabilidad individual. Ahora sí que sí, ya no dependo más que de mí y de mis actos. Y llegaron las preocupaciones.  Preocuparse. Ocuparse de algo antes ...

Reírse del mundo

Emiten en televisión un anuncio publicitario sobre un producto, de cuyo nombre ahora no quiero ni puedo acordarme, bastante sorprendente en su mensaje. En una reunión familiar, el joven hijo, temeroso de la posible bronca que le va a caer, le comenta a su padre que le ha rayado el coche. En el televisor del fondo se oyen las noticias, desesperanzadoras un día más, sobre la pandemia que nos toca vivir. El padre lo mira y, de repente, suelta una carcajada. El ambiente tenso se torna distendido. En otra escena, una chica sale de su casa: al mismo tiempo que cierra la puerta se da cuenta de que ha olvidado las llaves dentro. Su reacción no es de fastidio, al contrario, se le ilumina la cara con una gran sonrisa. Le siguen dos escenas similares: la de una pareja que coge el coche para ir a divertirse y no arranca, y la de una vivienda donde sus moradores observan cómo una inesperada gotera quiere arruinarles lo que iba a ser un prometedor día. En ambos casos los protagonistas también reacci...

Esperando

Nuevo año, nueva… ¿qué? ¿Vida? ¿Esperanza? ¿Qué es lo que realmente esperamos? Me pregunto. Seguramente son más fuertes los deseos y los sueños. Porque implican una intención, provocan una actitud, espolean los costados de nuestro yo “noble bruto” para convertirlo en trotón o corcel. Y ahí se desencadena una secuencia de uves victoriosas: Voluntad, volante, voltear, volcán, voladura, voltaje, volcarnos, volar, volatilizar, ¡volavērunt! (volaron), volver (a empezar). “El que espera desespera”, nos dice el dicho. También que “La esperanza es lo último que se pierde”. Y “De nadie esperes lo que por ti mismo hacer pudieres”. O “El que esperar puede, alcanza lo que quiere”. ¿Cuál define nuestra personalidad? ¿De qué lado estamos?  Espero y deseo que… Eso es pedir mucho. Mejor: voy a hacer todo lo que pueda por… ¡Qué solos estamos! Las circunstancias obligan. Y, sin embargo, desde nuestro aislamiento esperamos recibir mensajes de los demás, cuando sólo nos comunicamos (y no es mi caso) c...