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Mostrando las entradas etiquetadas como felicidad

¡Qué felicidad! ¿Qué felicidad?

La vida, ese regalo que debería ser una cadena de deleites, acaba siendo una sucesión de interferencias, obstáculos, problemas a solucionar, sin más. Parece que el objetivo esencial es un eterno organizar, actuar para que todo esté bien y en orden, y obtener así la ansiada paz, un tiempo de horas embalsamadas donde fluya muy despacio un riachuelo placentero de absoluta despreocupación. El estado feliz de la infancia. Pero, conforme transcurren los años, parece cada vez más inalcanzable ese remanso tranquilo. Cuando resulta que has conseguido resolver un importante inconveniente laboral, de repente se estropea un electrodoméstico imprescindible. Ya funciona tras la reparación y automáticamente llega un inesperado dolor de lumbago. Cuando estás viendo la luz al final del túnel, una repentina llamada te alerta de que ingresan de urgencia en el hospital a un familiar. Ese viaje programado se suspende. Ha subido la cuota de la hipoteca, que va a coincidir con una inflada puñetera factura el...

La piel de la empatía. [Humanidad 7.0]

He soñado más de una vez con una remota posibilidad, en términos de dolor: que los humanos tuviéramos un séptimo sentido, la cualidad de transmitir durante unos instantes, cinco o diez segundos bastarían, una sensación propia a otra persona, en tiempo e intensidad reales. Ese sentido acogería del mismo modo la cualidad inversa, la de sintonizar para recibir la sensación ajena, lo que metafóricamente expresamos como ‘ponerse en la piel de otro’. Cuando se sufre una dolencia y tratas de describir cómo y cuánto duele a cualquiera, o en concreto a un profesional de la medicina, éste suele pedir que valoremos la intensidad del dolor en una escala de uno a diez. En esa situación, lo que verdaderamente pensamos es: “Me gustaría que, por un momento, pudieras ponerte en mi lugar y sentir lo que yo siento ahora”. Es así como nos comprenderían del todo. Ésa es la posibilidad a la que me refiero, el séptimo sentido, la empatía real. Implicaría un mutuo acuerdo entre dos personas o, por lo menos, l...

Como las manos de un niño

Una tierna criatura humana de un año de edad es lo más parecido a una flor recién abierta por primavera. Como en una conjunción astral fantástica, este sábado mi estar vital cuenta con los tres seres: niña, flores y llegada del ‘ primo v ēre ’. Ah, que no me refiero a un familiar lejano turco, de lo cual me alegraría mucho también. Es la forma en latín de decir ‘primera primavera’. Hasta el siglo XVII eran cuatro las estaciones: verano, estío, otoño e invierno. Al verano se le llamaba Ver ānum t ĕmpŭs , que significa literalmente ‘tiempo de primavera’. Después Cervantes designaba al periodo que va desde mediados de marzo a mediados de septiembre con tres nombres: ‘primavera’ al comienzo, ‘verano’ en su parte intermedia, y ‘estío’ hasta el final de la estación. Fue a finales del siglo XVIII cuando se hace normativo, por su uso común, llamar ‘primavera’ a lo que venía siendo el verano, así como ‘verano’ a lo que hasta ese momento se llamaba estío. ¡La primavera!, ese esperado tiemp...

Tierra

Me produce un especial placer manipular la tierra con las manos desnudas. Tierra como materia, como la define la rae en su tercera acepción: material desmenuzable de que principalmente se compone el suelo natural. Llevo unos días trasplantando hierba, que nace donde no debe, a trozos del jardín que se han quedado ‘calvos’. Es una tarea lenta, pacífica, alguien diría que ridícula. Ahora me agacho aquí, cavo cuidadosamente para sacar el mechón verde con su raíz de entre las piedrecillas, después me levanto, me acerco hasta el lugar de destino, vuelvo a agacharme, cavo de nuevo para hacer un agujerillo de tamaño acorde al penacho, introduzco la plantica ayudándome de un utensilio con punta de pie de cabra, y finalizo empujando la tierra con los dedos para apelmazarla bien. Claro está que acumulo varias briznas de vez y las planto consecutivamente. En esta entretenida labor, suelen observarme mis dos huéspedes gatunos: Canelo y Umeboshi. Merodean, se interponen entre mis rodillas y e...