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Mostrando las entradas etiquetadas como Borges

No quiero hablar de guerras

Las razones que puede tener un hombre para abominar de otro o para quererlo son infinitas. Lo decía Borges en uno de sus cuentos titulado “La forma de la espada”. Estoy de acuerdo. Por ello, dudar acerca del bien y el mal, de quién es un héroe o un villano, nos hace acrecentar el sentido común. No hay certezas absolutas, como tampoco debemos dudar basándonos en la compasión o los prejuicios. Dudas razonables siempre. Hoy todos hablan de lo que yo no quiero hablar. Pero pienso en ello, quizá demasiado, porque es difícil evitar las salpicaduras que la actualidad nos vomita sin piedad. No puedo taparme los oídos ni cerrar los ojos, aunque tiendo a morderme la lengua, que ya está a punto de sangrar. Estamos en que, por un lado, alguien poderoso se evidencia en un ejercicio inútil y doloroso de negligencia política. Por otro, resurge la menos perspicaz de las pasiones: el patriotismo, apoyado a distancia por un conglomerado económico que sólo cree en su cuenta corriente. De ahí no puede sur...

Postergando, que es gerundio

"Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo". No es una reflexión mía. Es propiedad de JL Borges y la puso en boca del protagonista de uno de sus relatos llamado ‘Funes el memorioso’. La adopto con toda la conciencia de que dispongo, pues se me antoja una verdad verdadera. Personalmente creo que la sensación de inmortalidad viene implícita en el ser humano. Unos, los que aspiran a más, los optimistas e inconformistas, la tienen presente a diario, a flor de piel; piensan que después de esta vida habrá otra y otra, como sucesivas etapas de crecimiento. Entonces no hay prisa. Paciencia, paso a paso. En general, se les suele llamar utópicos. Otros, los que se conforman, reniegan de lo inmortal, asumen que de ésta no salimos, una única oportunidad, y propugnan que es preciso vivir el presente como si no hubiera un mañana, porque no lo hay. So...