Existen expresiones propias de lugares, cuyo origen se pierde en la historia. Las oyes decir a tus familiares y ellos, a su vez, las han heredado de sus ancestros. Algunas suenan extrañas, otras algo burdas, y luego está la que me surgió esporádicamente hace unos días, maravillosa, y me recordó la de veces que mi madre la ha pronunciado, sobre todo en mi niñez. “¡Ven aquí, hermosura de Cantagallos!”. Digamos que se trata de un buen piropo, con una pizca de socarronería. Al menos, así le parece a esta alcañizana. HermosuradeCantagallos. Suena bien. Da gusto decirlo de corridillo. Como otra voz típica local: rebordenca. “Anda, no me seas rebordenca”, que equivale a borde, pero elevado al cuadrado. Muy a menudo desconocemos el porqué, el dónde y el cuándo del uso de estas expresiones, aunque no se nos escapa el para qué, la intención al pronunciarlas. Resulta curioso el hecho de que en la nomenclatura de parajes y municipios peninsulares abundan los ‘cantantes’. Cantalobos, Cantalapiedra,...
Una de cal y otra de arena. Una selección de mis artículos de actualidad. Mi columna de los sábados. Por Marisa Lanca