Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como vida

Buscar la música

Tenemos tantas fuentes donde encontrar música, ese alimento imprescindible, que a veces nos quedamos sólo con lo más evidente, quizá por desconocimiento de la propia esencia. En el mundo clásico ya lo percibió Pitágoras de esta forma: «La materia física es música solidificada». Lo creamos o no, la naturaleza lleva implícitas notas que configuran un ritmo universal, música silenciosa. Con el tiempo se han desarrollado multitud de teorías para explicar el sentido de la misma, mas nadie ha podido resolver con certeza la cuestión. ¿Qué contienen los sonidos que pueden tocar nuestro sistema nervioso y emocionarnos a puntos que ninguna otra cosa puede alcanzar? La música tiene mucho de magia, de misterio, y representa un algo muy potente que no somos totalmente capaces de comprender, pero al que acudimos una y otra vez irremisiblemente. Quizá dio con la clave Nikola Tesla, al sentenciar: «Quien quiera entender los secretos del universo, que piense en energía, frecuencia y vibraciones». Conve...

Relajémonos

El estado natural del cuerpo es la relajación. Nos encontramos ya en agosto. A estas alturas del verano si no hemos conseguido relajarnos deberíamos intentarlo. Transcurrida buena parte del año y haciendo balance del mismo, cada uno puede tener una visión del conjunto de vivencias o sinvivires más o menos intensa, pero no cabe duda de que el trabajo, los aconteceres políticos, las guerras, las noticias inagotables, las preocupaciones económicas, de salud, familiares, todas esas piedras que vamos cargando en nuestra mochila provocan el estado antinatural de tensión y rigidez. Es hora de relajar, que no es otra cosa que soltar, dejar de hacer fuerza. El aforismo que dice “menos es más” funciona en este sentido. Menos actividad: no hace falta exprimir el tiempo, ni siquiera matarlo, con dejarlo pasar mientras ejercemos la contemplación sería suficiente. Tumbarse y mirar hacia arriba, observar lo que nos encontremos, sean árboles, edificios, nubes o pájaros, encontrar la novedad, eso en lo...

Mi infancia en femenino

A veces no podemos evitar irnos por los cerros de Úbeda, pero yo hoy me voy a dar un paseo por mis calles alcañizanas del recuerdo. Qué importantes son las mujeres que nos cuidaron en nuestros primeros pasos de la vida. Es el pensamiento que ha aflorado en el momento en que estaba preparándome un tentempié a base de pan untado con una crema de cacao. Es tan diferente el sabor al que tenía el mismo bocadillo unos cincuenta años atrás… Y como eso, muchas otras cosas. Que sí, que la nostalgia gastronómica es una de las más intensas, y me invade asociada, cómo no, a mi madre, mis abuelas y mis tías abuelas, alcañizanas igual que yo. De cría pasaba mucho tiempo con mi hermana Belén en casa de unas o de otras, ya que mi madre necesitaba ayuda para navegar con la prole, como todas las progenitoras de familia numerosa. De mi tía Ángeles recuerdo aquellos maravillosos bocatas de pan crujiente con nocilla, la buena, la de antes, negra, con un sabor a chocolate que no he vuelto a probar, en un pi...

Trapos viejos

Una anda desde ayer tomando conciencia de que el cuarenta de mayo acaba de cumplirse. Toca esa tediosa tarea de apartar los sayos y sacar la ropa propia de cuando la temperatura ya no baja de 22 grados en la franja central del día. Hay que coger el toro por los cuernos tomando la gran decisión: vaciar los armarios a saco, cajones y estanterías varias, y extenderlo todo sobre la cama; en un cuarto la de la pasada estación, en otro la de la nueva. Es entonces cuando te haces a la idea de… ¡válgame dios! …de muchas cosas. La primera impresión que llega cuando aprovechas para limpiar cada hueco vacío es que el espacio aparecido es más grande de lo que creías. Tu propósito va a ser volver a llenarlo esta vez con organización y un toque de minimalismo. Vamos ahora a por la ropa de invierno que habrá que apalancar en la zona más alta. No, mejor abordaremos la de verano y, de paso, a ver lo que pillo para ponerme ya. Como previamente he ido bajándola a brazadas, bulto va y bulto viene, está ex...

Psiquiatrizar la vida

El panorama de dolencias psicológicas y psiquiátricas cada vez es más extenso y determina gran parte de nuestras relaciones. ¿Qué está ocurriendo? Yo me pregunto si realmente los trastornos de la mente y la conducta son más numerosos y evidentes, o es que los especialistas nos los muestran con mayor frecuencia y se difunden rápidamente. Porque ahora proliferan los síndromes de todo tipo y de dudoso fundamento: posvacacional, del nido vacío, del cambio de hora, de la cabaña, del impostor... Éste último acabo de descubrirlo y me ha dejado atónita. Consiste en pensar, cuando uno triunfa, que ha llegado ahí por suerte y que en el fondo no lo merece. Sentirse un impostor y temer que te descubran. Vaya… ¿Y a eso hay que llamarlo síndrome? Por favor, dejemos de banalizar, pues estamos convirtiendo en enfermedad unos simples procesos a los que sólo hay que adaptarse. Entre miedos, fobias e hiperactividades varias nos están presentando un escenario cuasi-infantil, donde cualquier carita triste,...

Rompecabezas

Encajar las piezas de un puzzle es una misión que para unos resulta divertida y para otros tediosa, exasperante o incluso motivo de sufrimiento. Y es que la vida es un puro rompecabezas. Nuestra labor consiste en un continuo jugar a resolver sudokus, puzzles, sopas de letras, adivinanzas, los siete errores, las diez diferencias, enigmas ocultos, jeroglíficos, crucigramas, en fin, acertijos varios. Y digo jugar en el sentido de pasatiempo, entretenimiento o distracción. Pero, en sentido opuesto, existe el matiz de fastidio, trabajo o molestia a la hora de tomar esa labor como un problema. Personalmente, siempre he profesado una debilidad especial por los juegos de piezas. Construir, encajar, buscar el hueco preciso, ordenar, disponer armónicamente, son actividades que activan mi cerebro y a la vez relajan el sistema nervioso alterado por circunstancias externas. De hecho, creo que mi actividad laboral se forjó respondiendo a esa afición. La maquetación y el diseño gráfico tienen como fu...

Vuelve cuando quieras

Hay una especie en el mundo animal que no deja de sorprenderme. Ya escribí una columna sobre ellos en abril del pasado año. Pero la historia gatuna continúa. Umeboshi fue una linda gatita, cuyo relato vital dejé en el punto de su gran panza por embarazo y la compañía de su hermano Canelo, que hizo amorosamente de fiel acompañante y cuidador. Pues, como estaba previsto, dio a luz a unas cuantas crías y a los pocos meses otras tantas, de las cuales, hoy están presentes dos gatas: Cati y Lula. Mocetas provenientes una de cada camada, se llevan unas doce semanas. Tras la ausencia de su madre, tío y resto de familia, ambas se han comportado como modelo de hermandad, queriéndose, turnándose en la caza de conejos, alimentándose, cuidándose y saliendo de farra por los ribazos. Todo en común, hasta tal punto, que han quedado preñadas a la vez. Me preguntaba de cuál de todos los señoritos gatos rondadores se prendaron, pero hoy lo tengo claro: su propio padre. El caso es que Cati, la mayor, par...

Mapas emocionales o los patrones de la vida

Desde ayer se ha producido un cambio en mi vida. Es importante. Me falta una persona. Sabía que estaba y ya no está. Pienso continuamente en ese ser tan querido. Siento muchas emociones que me llevan, como en una montaña rusa, a ascender suave por un paisaje de sonrisas, recuerdos líquidos y estampas amables, para descender luego en picado hacia una realidad implacable, de no retorno, de pérdida absurdamente cruel. Dicen que existe una geografía emocional que se refleja en un mapa de nosotros mismos. Nunca había reparado en ello, y no sé si conozco bien ese panorama interior que me define. Lo que sí sé es que algo se ha quebrado, en algún punto de mi carne la tierra se ha hundido y se ha formado un pozo, un cráter, una grieta…, en definitiva, una falla. "¿Cómo rellenar ese hueco oscuro?". Nuestro mapa emocional, conceptualmente hablando, acoge un conjunto de conexiones e interrelaciones, conscientes e inconscientes, entre los diferentes sentimientos, creencias y pensamientos ...

Un petirrojo viene a verme

Cada cierto tiempo hay episodios que se repiten y somos poco o nada conscientes de ello. Cuando se producen, de repente nos provocan una especie de “déjà vu” o paramnesia, la sensación ficticia de creer recordar situaciones ya vividas. El cerebro enseguida reacciona y, muy cuerdo él, nos avisa: no alucines tanto, es nuevo, nunca antes había ocurrido. Pero, amigas y amigos, la intuición rara vez falla, la memoria mucho. En realidad, sí lo hemos vivido. Es el caso de la llegada de un petirrojo que ronda mi jardín desde hace una semana. Cuando lo descubrí me dije: tú me suenas mucho, ¿no vienes cada año? Luego, día tras día me sorprendo cuando, mirando por la ventana a media tarde, aparece de improviso posándose en una rama desnuda, como si cada instante que lo veo fuera la primera vez. ¡Qué precioso pájaro! Y permanezco unos minutos embelesada por su rechonchez, agilidad y viveza, ese vuelo rápido y corto, el trino incesante y dulzón, ese plumaje anaranjado del pecho, totalmente hipnótic...

La vida hacia adentro

Nuestra fragilidad se torna a veces tan evidente que no llegamos a reconocernos. Es entonces cuando algo se rompe ahí adentro, en la parte más delicada, y sucumbimos ante un nuevo estado mental que nos posee y condiciona nuestra salud. Todos, en algún momento, somos cristales rotos. El bienestar emocional, psíquico y social constituye la piedra angular de la salud mental. Su cuidado implica convertirnos en equilibristas sobre la cuerda floja que une el yo con el entorno socio-cultural circundante. La forma de pensar, sentir, reaccionar y actuar ante situaciones de estrés marcará nuestra calidad de vida. Por eso, siendo tan diferentes y a la vez tan similares, humanos al fin, cada individuo es susceptible de temblar ante un movimiento o sacudida fuerte de la superficie que pisa, e incluso de perder el equilibrio y caer al pozo.  Al caminar sobre la cuerda, pueden darse situaciones especialmente preocupantes. Cuando resulta imposible bailar con un demonio en la espalda, cuando debes ...

¡Qué felicidad! ¿Qué felicidad?

La vida, ese regalo que debería ser una cadena de deleites, acaba siendo una sucesión de interferencias, obstáculos, problemas a solucionar, sin más. Parece que el objetivo esencial es un eterno organizar, actuar para que todo esté bien y en orden, y obtener así la ansiada paz, un tiempo de horas embalsamadas donde fluya muy despacio un riachuelo placentero de absoluta despreocupación. El estado feliz de la infancia. Pero, conforme transcurren los años, parece cada vez más inalcanzable ese remanso tranquilo. Cuando resulta que has conseguido resolver un importante inconveniente laboral, de repente se estropea un electrodoméstico imprescindible. Ya funciona tras la reparación y automáticamente llega un inesperado dolor de lumbago. Cuando estás viendo la luz al final del túnel, una repentina llamada te alerta de que ingresan de urgencia en el hospital a un familiar. Ese viaje programado se suspende. Ha subido la cuota de la hipoteca, que va a coincidir con una inflada puñetera factura el...

Encefalograma planeador

Son días extraños. No nos engañemos. Observamos la actualidad a través de los medios de comunicación y parece que el mundo sigue en marcha, a su manera, claro. Los programas de televisión en directo cuentan con los mismos protagonistas de hace más de un año; los de ocio, concursos y realities diversos continúan con sus presentadores, invitados y público, casi como si “el bicho” no fuera con ellos. Las imágenes que nos muestran de terrazas, aeropuertos, ferias, congresos, conciertos y diferentes espectáculos se asemejan bastante a las que estábamos acostumbrados antes de la pandemia, sólo que la gente que asiste a los mismos lleva en la cara un elemento raro que le tapa boca y nariz. Las películas siempre han estado ahí y no cambian, es un gran consuelo, por otra parte. Todos ansiamos esa anterior vida “normal” que un virus ha transformado en “anormal”. Vivimos en una contradicción constante. En un “quiero y no puedo”, en un “me gustaría y no me dejan”, en un “me dejan y no me atrevo...

No empujen, por favor. [De espátulas e impulsos]

Esta mañana observaba en televisión una escena en la que la policía detenía a un individuo a base de empujones. De ahí, mi pensamiento se ha ido a la entrada de unos grandes almacenes en su apertura por rebajas, donde los empujones campan a sus anchas. Luego se me ha representado una desgraciada situación de tapón humano en la estrecha salida de una discoteca ante un peligro inminente: empujones mortales. La palabra ha empezado a resonar en mi cabeza, le he quitado las dos últimas letras y he respirado más tranquila. Empujón. Esto ya tiene otro sentido. Hay ocasiones en que un vocablo varía su matiz de significado al cambiar del singular al plural o viceversa. Qué molestos resultan los empujones y, sin embargo, qué necesario es un empujón a tiempo. Debo agradecer a mi padre que me haya dado el suyo más de una vez. Ante la duda, en momentos en que crees que no llegarás, cuando te sientes vencida y renuncias a algo, ahí ha estado. Casi siempre unas palabras de ánimo, una actitud de seg...

Pequeñas grandes cosas

Sabemos perfectamente que el mundo de lo vivo está constituido por los humanos, los animales y los vegetales. Desde el punto de vista biológico, se trata de seres que nacen, crecen, se reproducen y mueren, aunque en ese proceso también influyan enfermedades y accidentes. Parece que lo orgánico, por su capacidad de desarrollo en el tiempo, está dotado de un cierto movimiento que define lo que llaman vida. Algunos filósofos añadieron a este atributo el concepto de “alma”. Yo creo en el alma de los seres vivos. Pero asimismo me gusta creer que ciertos objetos la poseen de igual modo. Esas ‘pequeñas cosas’ que decía Joan Manuel Serrat. A lo largo de nuestro existir nos acompañan seres materiales que vamos atesorando y forman parte esencial de nosotros mismos. Ese libro regalado por un amigo especial, el frasquito de perfume ya vacío que todavía contiene el aroma de tu adolescencia, el juego de sábanas delicadas, aún sin estrenar, que formaba parte del ajuar que tu madre te preparó un d...

Tierra

Me produce un especial placer manipular la tierra con las manos desnudas. Tierra como materia, como la define la rae en su tercera acepción: material desmenuzable de que principalmente se compone el suelo natural. Llevo unos días trasplantando hierba, que nace donde no debe, a trozos del jardín que se han quedado ‘calvos’. Es una tarea lenta, pacífica, alguien diría que ridícula. Ahora me agacho aquí, cavo cuidadosamente para sacar el mechón verde con su raíz de entre las piedrecillas, después me levanto, me acerco hasta el lugar de destino, vuelvo a agacharme, cavo de nuevo para hacer un agujerillo de tamaño acorde al penacho, introduzco la plantica ayudándome de un utensilio con punta de pie de cabra, y finalizo empujando la tierra con los dedos para apelmazarla bien. Claro está que acumulo varias briznas de vez y las planto consecutivamente. En esta entretenida labor, suelen observarme mis dos huéspedes gatunos: Canelo y Umeboshi. Merodean, se interponen entre mis rodillas y e...

Sin tapujos. [Arrojaescudos, sí, ¿y qué?]

  Hablemos de tapar, tapaderas y tapujos. La gran paradoja de la obra teatral que representamos ante el mundo consiste en que pretendemos mostrar una imagen divina y demostrar una actitud de seguridad, y a la vez consentimos que el dueño del teatro nos corte las alas soñadoras censurando nuestros supuestos dislates, tápese por favor. Mientras tanto, todo aquello que queremos ocultar, lo íntimo, lo doméstico, nuestras miserias o pecados, todo eso es absorbido en forma de datos algorítmicos por los grandes mecenas de este espectáculo. C’est la vie . Pagamos un precio, siempre. Tapar o destapar implica un acto voluntario de cerrar o abrir un contenedor por medio de una tapadera. Pero lo importante no es el acto en sí, sino el contenido, que adquiere inmediatamente un cariz de valioso. Alguien quiere protegerlo. O alguien quiere descubrirlo. Y, al hablar de tapadera, la cosa ya huele a cierto delito. Me da la sensación de que estamos rodeados de tapaderas, tanto a gran escala como a ...

Preocupaciones

Nos hallamos todos entretenidos, porque el mundo resulta así de caprichoso, en cómo salir a flote e indemnes de este sinvivir que es una situación pandémica. Nuestros hábitos se han visto trastocados hasta tal punto, que no nos encontramos ni a nosotros mismos. ¡Carallo! ¿Quién lo iba a decir? Recuerdo cuando cumplí los dieciocho. Estaba contenta, pues suponía para mí un cambio significativo: se me abrían las puertas a un sinfín de experiencias, entre ellas el permiso de conducir, la mayor libertad de horario, la oportunidad de salir a estudiar fuera del pueblo; a los ojos de los demás ya era una persona hecha y derecha, mayor de edad, yo misma. La vida por delante. Fantástico. Sin embargo, fue muy diferente al cumplir los veinte. No lo celebré igual. Mi sensación fue de cierto temor, me caía un gran peso encima: el peso de la responsabilidad individual. Ahora sí que sí, ya no dependo más que de mí y de mis actos. Y llegaron las preocupaciones.  Preocuparse. Ocuparse de algo antes ...

Hoy no hablo de Donald Trump. Mi vida es más importante

La vida es tan generosa que constantemente va ofreciéndonos sus dádivas a lo largo de nuestro caminar, como migas de pan señalatorias o como las pequeñas recompensas en un juego electrónico. Podemos ignorarlas porque no despiertan nuestro interés y no les damos valor, o recogerlas para darles un uso material, emocional, espiritual, para enriquecernos y seguir avanzando. En ocasiones ocurre que esos ‘regalos’ se nos presentan con forma de piedra, clavo, astilla, o simplemente de boñiga. Entonces la cosa cambia. Nuestra percepción se torna en un “también es mala suerte…”. Llegan los tropiezos, las heridas, el dolor, el cansancio, las quejas y quizá hasta el abandono. La relación con el mundo, incluso con nosotros mismos, cambia. Es inevitable. Ante la adversidad, llámese contrariedad, infortunio, desventura, desgracia o fatalidad, podemos adoptar la tendencia de dejarnos arrastrar por la espiral, ésa que como un remolino líquido nos empuja hacia el fondo de nuestra zona oscura. Por c...