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Mostrando las entradas etiquetadas como pueblo

In media res

Hace unas semanas fui invitada a una gala cultural, donde se entregaban los premios del año. Como era con invitación previa reserva y confirmación, no me preocupé más que de asistir puntual y elegante al acontecimiento, creyendo que todos íbamos a elegir asiento conforme llegáramos. Al dar el nombre y recoger el ticket en ventanilla, comprobé que ya tenía asignada butaca, por las últimas filas. No importa, me dije, todos los asistentes somos gente de la cultura y tienen que distribuirnos de alguna manera. Ya acomodados, el teatro sin palcos se exhibía lleno hasta la bandera. Cuál fue mi sorpresa al comprobar que el sector de primeras filas estaba copado de políticos, una pequeña selección de cada partido. Y no sólo de representantes actuales, sino también de aspirantes a ocupar un sillón en estas inminentes elecciones. Al margen de que el espectáculo que acompañaba a los premios no tenía el nivel esperado, el hecho de que en un acto público, ¡cultural!, se dé preeminencia a ciertos per...

Noches de Moscú

La ineptitud, el despotismo o la megalomanía del dirigente de un país nunca deberían ser condicionantes a la hora de sentir amor u odio por ese territorio. El pueblo que lo habita no lo merece porque ni es culpable ni debe responder por su líder, aunque se dé la circunstancia de que lo haya votado. Así, resulta muy peligroso generalizar atribuyendo a los habitantes de una nación las cualidades de su líder, o tópicos raciales definitivamente siempre injustos. Reconozco que siempre me ha atraído Rusia. Tanto el idioma, como las tradiciones, los paisajes, los museos, la literatura y un sinfín de pinceladas culturales han forjado en mi subconsciente un ferviente deseo de visitar las tierras que un día fueron soviéticas. Cosa que todavía no he conseguido. Si me detuviera para realizar un repaso histórico de las vicisitudes oscuras provocadas por los diferentes dirigentes que han liderado el país, hasta el actual Putin, surgiría sin duda un amargor que daría al traste con mis simpatías rusas...