La vida es tan generosa que constantemente va ofreciéndonos sus dádivas a lo largo de nuestro caminar, como migas de pan señalatorias o como las pequeñas recompensas en un juego electrónico. Podemos ignorarlas porque no despiertan nuestro interés y no les damos valor, o recogerlas para darles un uso material, emocional, espiritual, para enriquecernos y seguir avanzando. En ocasiones ocurre que esos ‘regalos’ se nos presentan con forma de piedra, clavo, astilla, o simplemente de boñiga. Entonces la cosa cambia. Nuestra percepción se torna en un “también es mala suerte…”. Llegan los tropiezos, las heridas, el dolor, el cansancio, las quejas y quizá hasta el abandono. La relación con el mundo, incluso con nosotros mismos, cambia. Es inevitable. Ante la adversidad, llámese contrariedad, infortunio, desventura, desgracia o fatalidad, podemos adoptar la tendencia de dejarnos arrastrar por la espiral, ésa que como un remolino líquido nos empuja hacia el fondo de nuestra zona oscura. Por c...
Una de cal y otra de arena. Una selección de mis artículos de actualidad. Mi columna de los sábados. Por Marisa Lanca