La atracción por los números redondos es inherente ya al ser humano. Incluso ha sido objeto de serios estudios. Cómo nos gustan el 10, el 25, el 50, el 100 y todos los números acabados en 0 ó 5. Celebrar los aniversarios con estas cifras es como celebrar la redondez, que se nos antoja alegría, perfección, éxito. Los números redondos nos atraen porque son más fáciles de procesar, y eso le encanta a nuestra parte primitiva o reptiliana del cerebro, la de los instintos básicos como la supervivencia y el bienestar, el ahorro de esfuerzo; no le atrae tanto a la parte límbica, la de las emociones, y mucho menos al neocórtex o cerebro nuevo, el del razonamiento y la resolución de problemas. Si queremos expresar una cifra irregular, difícil, tendemos a redondear. En lugar de decir: lo he vendido por 998 euros, ajustaremos diciendo que lo hemos vendido por 1.000, lo cual nos produce más placer y sabemos que nos comprenden mejor. Siempre he creído en la ‘magia’ de los números, la ‘matemátic...
Una de cal y otra de arena. Una selección de mis artículos de actualidad. Mi columna de los sábados. Por Marisa Lanca