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Mostrando las entradas etiquetadas como tesoros

Café y Komorebi

Existen palabras que definen a la perfección el concepto de la cosa a la que se refieren. Algo concreto que no da lugar a dudas, porque la asociación con su significado es inmediata. Como el café. Y hay conceptos, con forma de sensación, que no encuentran su palabra definitoria salvo en el idioma origen de su creación. Es el caso de komorebi, término únicamente japonés. No existe equivalente en otra lengua. Significa “los rayos de sol que se filtran a través de las hojas de los árboles”. Hace referencia a un momento concreto en el que se produce un juego de luces y sombras, y acoge tanto el paso de la luz entre la vegetación como el reflejo que provoca, la sombra proyectada sobre otros objetos.  La cultura japonesa es hábil en dar nombres a ciertas emociones estéticas. La delicadeza y la sensibilidad con que miran y admiran dotan a su lenguaje de una riqueza poética sin igual. Komorebi es un ejemplo recién descubierto que desde ya mismo j’adore . Y cuando digo j’adore quiero decir...

Pequeñas grandes cosas

Sabemos perfectamente que el mundo de lo vivo está constituido por los humanos, los animales y los vegetales. Desde el punto de vista biológico, se trata de seres que nacen, crecen, se reproducen y mueren, aunque en ese proceso también influyan enfermedades y accidentes. Parece que lo orgánico, por su capacidad de desarrollo en el tiempo, está dotado de un cierto movimiento que define lo que llaman vida. Algunos filósofos añadieron a este atributo el concepto de “alma”. Yo creo en el alma de los seres vivos. Pero asimismo me gusta creer que ciertos objetos la poseen de igual modo. Esas ‘pequeñas cosas’ que decía Joan Manuel Serrat. A lo largo de nuestro existir nos acompañan seres materiales que vamos atesorando y forman parte esencial de nosotros mismos. Ese libro regalado por un amigo especial, el frasquito de perfume ya vacío que todavía contiene el aroma de tu adolescencia, el juego de sábanas delicadas, aún sin estrenar, que formaba parte del ajuar que tu madre te preparó un d...