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Mostrando las entradas etiquetadas como tiempo

Cargas y cargos

Como un matrimonio bien avenido, como dos hermanos que se necesitan, como los eslabones de una cadena o como las piezas contiguas de un puzzle, los cargos y las cargas son complementarios, consecutivos e indisolubles. ¿Y qué fue antes el huevo o la gallina? ¿El cargo o la carga? A esta última pregunta es fácil responder. Primero existe el cargo: alguien se encarga ―valga la redundancia― de crearlo. Para ello un elemento poderoso, que suele ser político, se inventa de la nada una necesidad, que transforma en organismo, y con el fin de justificar la existencia de la cosa crea un carguito de nuevo diseño, el puesto ideal para ese familiar o amigo perdido en la nada pero que tiene aspiraciones y que seguro vale un valer. Un buen votante sin duda. Tenemos el organismo, tenemos el cargo. Ahora no puede faltar un fantástico despacho, un experto en redes sociales, una encuesta a todo tren para comenzar a rellenar de contenidos el memorándum de turno, elaboración de informes, innumerables reuni...

El pito del sereno

Hoy, en la era de la información excesiva, existen tantos canales que de cualquiera podemos extraer los datos que buscamos, sin perder un minuto en verificar su credibilidad. Incluso los que no buscamos nos llegan, como ha sido el caso reciente de la Comunidad de Madrid donde, a través de un mensaje sonoro en forma de pitido alarmante y de un texto explicativo, Protección Civil alertaba a los ciudadanos del inminente impacto meteorológico de la Dana. Hubo un tiempo no muy lejano en que se avisaba de una forma muy diferente, a viva voz. Era la del sereno. En España el último, llamado Manuel Amago, prestó sus servicios hasta 1977, año en que esta figura desapareció definitivamente. La profesión de sereno comenzó a gestarse en el siglo XVIII y tan especiales personajes han patrullado las calles de nuestras ciudades y pueblos durante 200 años. Al comienzo, su misión era la de vigilancia y posesión de todas las llaves de los portales del barrio que estaba bajo su control, para abrirlos cuan...

Relajémonos

El estado natural del cuerpo es la relajación. Nos encontramos ya en agosto. A estas alturas del verano si no hemos conseguido relajarnos deberíamos intentarlo. Transcurrida buena parte del año y haciendo balance del mismo, cada uno puede tener una visión del conjunto de vivencias o sinvivires más o menos intensa, pero no cabe duda de que el trabajo, los aconteceres políticos, las guerras, las noticias inagotables, las preocupaciones económicas, de salud, familiares, todas esas piedras que vamos cargando en nuestra mochila provocan el estado antinatural de tensión y rigidez. Es hora de relajar, que no es otra cosa que soltar, dejar de hacer fuerza. El aforismo que dice “menos es más” funciona en este sentido. Menos actividad: no hace falta exprimir el tiempo, ni siquiera matarlo, con dejarlo pasar mientras ejercemos la contemplación sería suficiente. Tumbarse y mirar hacia arriba, observar lo que nos encontremos, sean árboles, edificios, nubes o pájaros, encontrar la novedad, eso en lo...

No será para tanto

En las alegrías y en las penas de uno siempre hay quien trata de suavizar los efectos. Relativizar: ahí está la clave. ¡Einstein que estás en los cielos! Entre tomarse algo ‘a la tremenda’ y ‘quitar hierro al asunto’ a veces existe un verdadero abismo. Y todavía se ensancha más cuando por un lado o por otro la cosa ‘se va de madre’. Es entonces el momento en que debería aparecer la voz del sentido común con lo de ‘ni tanto ni tan calvo’. Hoy ha llegado a mí la noticia de que la humanidad se encuentra a solo 50 segundos del fin del mundo, según el ‘Reloj del Apocalipsis’. Si uno se queda con la primera parte del titular, a bote pronto impacta; después provoca la risa o la alarma, según estados de ánimo. Para relativizar la información debe uno tomarse su tiempo, leer o escuchar un poco más allá, reflexionar. Y así con todo. En general, los medios de comunicación, y más las personas que viven de ellos, tienden al alarmismo innecesario, a llevar los temas al extremo para captar la atenció...

Personas y persianas

Los ciudadanos tenemos la costumbre de solucionar nuestras necesidades acudiendo a profesionales, cuyos servicios deben ofrecer las garantías suficientes para convencernos y asumir el trato de pagar lo convenido. Para el correcto funcionamiento de estos asuntos lo normal sería el equilibrio entre ambas partes, oferta y demanda, sin olvidar que hablamos de personas, en un lado y en otro. Después de varias experiencias recientes, negativas en este sentido, he llegado a conclusiones un tanto desesperanzadoras. Y es que la cosa no funciona como debería. He realizado unos encargos a diferentes profesionales, concretamente a una empresa de estufas, a una imprenta y a una cristalería. Algo sencillo y concreto. En los tres casos el producto recibido ha resultado erróneo, imperfecto o inservible para su cometido final, con la consiguiente pérdida de mi tiempo y del suyo, de mi dinero adelantado inciertamente, de su prestigio y de mi paciencia, con el inconveniente de gastos extra por mi parte e...

El lujo nuestro de cada día

Como un mantra, como la oración que un creyente repite diariamente antes de acostarse, como las campanas de las doce, cada mañana escucho el mismo cantar noticiero: sube el precio de… todo. Los productos de primera o segunda necesidad están alcanzando progresivamente la categoría de lujo. Y nos resulta incomprensible que la bola de nieve de la inflación vaya engrosando sin límite, afectando a materias primas, alimentos básicos y, por ende, alimentos procesados, productos fabricados, servicios, transporte y un largo etcétera. Desconozco hasta qué punto nos están vendiendo una 'moto' teledirigida, pues no soy experta en asuntos económicos ni mecánicos, ni mucho menos electrónicos. Pero, pese a no llevar tubo de escape, esta moto huele muy mal. Y los gurús economistas ya nos advierten: el olor, a no mucho tardar, será insoportable. A los ciudadanos de a pie nos toca de nuevo sufrir los efluvios de origen desconocido. Y, por darle la vuelta a la tortilla metafórica, a este paso va ...

Mapas emocionales o los patrones de la vida

Desde ayer se ha producido un cambio en mi vida. Es importante. Me falta una persona. Sabía que estaba y ya no está. Pienso continuamente en ese ser tan querido. Siento muchas emociones que me llevan, como en una montaña rusa, a ascender suave por un paisaje de sonrisas, recuerdos líquidos y estampas amables, para descender luego en picado hacia una realidad implacable, de no retorno, de pérdida absurdamente cruel. Dicen que existe una geografía emocional que se refleja en un mapa de nosotros mismos. Nunca había reparado en ello, y no sé si conozco bien ese panorama interior que me define. Lo que sí sé es que algo se ha quebrado, en algún punto de mi carne la tierra se ha hundido y se ha formado un pozo, un cráter, una grieta…, en definitiva, una falla. "¿Cómo rellenar ese hueco oscuro?". Nuestro mapa emocional, conceptualmente hablando, acoge un conjunto de conexiones e interrelaciones, conscientes e inconscientes, entre los diferentes sentimientos, creencias y pensamientos ...

De costumbres, cambios y otras luces. [Reflexiones otíticas]

Escribo esta columna a boli en un cuaderno, desde el sofá, con mantita, capeando una otitis doble a base de antibióticos y antiinflamatorios. No es lo normal, pero es que ya estamos en pleno otoño y mi actual estado de destemple precisa un mayor nivel de acurrucamiento. De momento, vamos a lo cercano: reflexiones de auto-observación. Cada día soy menos noctívaga y más adoradora del sol. Antes, en el estante de la cocina tenía dos o tres botecillos de especias que apenas usaba. Ahora no puedo pasar con menos de diez. Lo natural está ocupando a saco todo mi territorio vital conquistado por lo artificial hace ni me acuerdo. Siempre me había cautivado tanto el otoño como el invierno. Hasta hace un par de años. Ya no soporto las bajas temperaturas, el frío me incomoda, me corta las alas, me produce desazón máxima. Cada vez me gusta más pasear a pie o en bici, pasear por pasear, sin prisa. Y prefiero hacerlo bajo un sol de justicia, sintiendo el calor sobre mi piel, que enfundada con cuatro ...

Los días pensados

A la mayoría, tras un instante de reflexión o quizá como consecuencia de un calentamiento cerebral, nos ha dado por pronunciar alguna vez esa frase que reza: “El día menos pensado…” Con cierto tono amenazante, avisamos de que algo va a ocurrir por decisión propia, por la de una tercera persona o bien por determinadas condiciones adversas. Un pájaro ronda atrapado en nuestra jaula mental. Un cambio, que se antojaba a largo plazo, deviene ya casi inminente. Hay dichos que reflejan bastante bien esta idea. “Caerá por su propio peso”. “Donde menos se piensa salta la liebre”. “Yendo y viniendo, lo que había de ser va siendo”.  El día menos pensado, en realidad, es mentira. Ese día, cuando llegue, lo que sea que quieras que suceda, lo pensarás, sí, lo llevarás pensado de antemano y actuarás según tus propósitos. Y, si el hecho depende de circunstancias externas, entonces resulta impredecible, porque el futuro siempre es incierto. Con lo cual, el ‘día menos pensado’ carece de importancia,...

Como una escopeta de feria. [No entiendo nada]

A veces una tiene la sensación de que algo está fallando, así en general. Hoy he barajado varios temas para escribir este artículo. Pretendía, en suma, que me quedara bonito, agradable, que dejara buen sabor de boca. Al fin y al cabo estamos, o casi, de vacaciones, es verano, y parece que lo que toca es el disfrute. Y debe de ser que no me hallo inspirada para exquisiteces temáticas, lo confieso. En mi teclado pesa más la realidad circundante que lo poético-sutil. Para empezar, falla el tiempo, meteorológicamente hablando. Es julio, un mes donde reina el sol y su calorcico. Pues ocurre que no sabemos dónde agarrarnos, cada día nos sorprende una climatología diferente. Y eso no ayuda al relax. Hace una semana Canadá se convertía en un horno insólito por sus altísimas temperaturas. Ha nevado en Benasque (Pirineo aragonés) mientras en el resto del país volvíamos a sacar cazadoras y calcetines. Alemania y Bélgica acaban de sufrir inundaciones lluviosas nunca vistas. Normal no es. En materi...

Pequeñas grandes cosas

Sabemos perfectamente que el mundo de lo vivo está constituido por los humanos, los animales y los vegetales. Desde el punto de vista biológico, se trata de seres que nacen, crecen, se reproducen y mueren, aunque en ese proceso también influyan enfermedades y accidentes. Parece que lo orgánico, por su capacidad de desarrollo en el tiempo, está dotado de un cierto movimiento que define lo que llaman vida. Algunos filósofos añadieron a este atributo el concepto de “alma”. Yo creo en el alma de los seres vivos. Pero asimismo me gusta creer que ciertos objetos la poseen de igual modo. Esas ‘pequeñas cosas’ que decía Joan Manuel Serrat. A lo largo de nuestro existir nos acompañan seres materiales que vamos atesorando y forman parte esencial de nosotros mismos. Ese libro regalado por un amigo especial, el frasquito de perfume ya vacío que todavía contiene el aroma de tu adolescencia, el juego de sábanas delicadas, aún sin estrenar, que formaba parte del ajuar que tu madre te preparó un d...

Preocupaciones

Nos hallamos todos entretenidos, porque el mundo resulta así de caprichoso, en cómo salir a flote e indemnes de este sinvivir que es una situación pandémica. Nuestros hábitos se han visto trastocados hasta tal punto, que no nos encontramos ni a nosotros mismos. ¡Carallo! ¿Quién lo iba a decir? Recuerdo cuando cumplí los dieciocho. Estaba contenta, pues suponía para mí un cambio significativo: se me abrían las puertas a un sinfín de experiencias, entre ellas el permiso de conducir, la mayor libertad de horario, la oportunidad de salir a estudiar fuera del pueblo; a los ojos de los demás ya era una persona hecha y derecha, mayor de edad, yo misma. La vida por delante. Fantástico. Sin embargo, fue muy diferente al cumplir los veinte. No lo celebré igual. Mi sensación fue de cierto temor, me caía un gran peso encima: el peso de la responsabilidad individual. Ahora sí que sí, ya no dependo más que de mí y de mis actos. Y llegaron las preocupaciones.  Preocuparse. Ocuparse de algo antes ...