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Mostrando las entradas etiquetadas como voz

El pito del sereno

Hoy, en la era de la información excesiva, existen tantos canales que de cualquiera podemos extraer los datos que buscamos, sin perder un minuto en verificar su credibilidad. Incluso los que no buscamos nos llegan, como ha sido el caso reciente de la Comunidad de Madrid donde, a través de un mensaje sonoro en forma de pitido alarmante y de un texto explicativo, Protección Civil alertaba a los ciudadanos del inminente impacto meteorológico de la Dana. Hubo un tiempo no muy lejano en que se avisaba de una forma muy diferente, a viva voz. Era la del sereno. En España el último, llamado Manuel Amago, prestó sus servicios hasta 1977, año en que esta figura desapareció definitivamente. La profesión de sereno comenzó a gestarse en el siglo XVIII y tan especiales personajes han patrullado las calles de nuestras ciudades y pueblos durante 200 años. Al comienzo, su misión era la de vigilancia y posesión de todas las llaves de los portales del barrio que estaba bajo su control, para abrirlos cuan...

Los muñecos de Maricarmen

Recientemente se nos ha ido la famosa ventrílocua Maricarmen. Yo crecí escuchando los innumerables diálogos que mantenía con sus muñecos insolentes, desinhibidos, descarados, sin pelos en la lengua. ¡Qué tiempos, donde se podía criticar con humor a cualquier personaje público en sus propias narices y obtener de él una sonrisa o carcajada por respuesta! No es fácil el papel de entretenedora y crítica mordaz a la vez, se requiere una gran valentía profesional, unos arrestos a prueba de bomba y una buena dosis de inteligencia. Los criticados, también. Hoy día, contamos con pruebas más que suficientes de que las bromas y el humor ácido no son el aderezo ideal para cocinar el menú degustación que nos ofrecen a través de los medios de comunicación; así pues, están condenados a no existir. Ocurre que el sarcasmo suele tomarse como insulto y aparecen las querellas por doquier, o es que directamente ya no se sabe criticar ‘en fino’, sino con burdas palabras hirientes y desatinadas. Doña Rogelia...

Esperando

Nuevo año, nueva… ¿qué? ¿Vida? ¿Esperanza? ¿Qué es lo que realmente esperamos? Me pregunto. Seguramente son más fuertes los deseos y los sueños. Porque implican una intención, provocan una actitud, espolean los costados de nuestro yo “noble bruto” para convertirlo en trotón o corcel. Y ahí se desencadena una secuencia de uves victoriosas: Voluntad, volante, voltear, volcán, voladura, voltaje, volcarnos, volar, volatilizar, ¡volavērunt! (volaron), volver (a empezar). “El que espera desespera”, nos dice el dicho. También que “La esperanza es lo último que se pierde”. Y “De nadie esperes lo que por ti mismo hacer pudieres”. O “El que esperar puede, alcanza lo que quiere”. ¿Cuál define nuestra personalidad? ¿De qué lado estamos?  Espero y deseo que… Eso es pedir mucho. Mejor: voy a hacer todo lo que pueda por… ¡Qué solos estamos! Las circunstancias obligan. Y, sin embargo, desde nuestro aislamiento esperamos recibir mensajes de los demás, cuando sólo nos comunicamos (y no es mi caso) c...