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Mostrando las entradas etiquetadas como emoción

Mapas emocionales o los patrones de la vida

Desde ayer se ha producido un cambio en mi vida. Es importante. Me falta una persona. Sabía que estaba y ya no está. Pienso continuamente en ese ser tan querido. Siento muchas emociones que me llevan, como en una montaña rusa, a ascender suave por un paisaje de sonrisas, recuerdos líquidos y estampas amables, para descender luego en picado hacia una realidad implacable, de no retorno, de pérdida absurdamente cruel. Dicen que existe una geografía emocional que se refleja en un mapa de nosotros mismos. Nunca había reparado en ello, y no sé si conozco bien ese panorama interior que me define. Lo que sí sé es que algo se ha quebrado, en algún punto de mi carne la tierra se ha hundido y se ha formado un pozo, un cráter, una grieta…, en definitiva, una falla. "¿Cómo rellenar ese hueco oscuro?". Nuestro mapa emocional, conceptualmente hablando, acoge un conjunto de conexiones e interrelaciones, conscientes e inconscientes, entre los diferentes sentimientos, creencias y pensamientos ...

Fantasmías animadas de ayer, hoy y mañana

Faltan breves para el día de todos los santos, la noche de las ánimas, y ya acusamos el sinvivir provocado por un ambiente repleto de telarañas, calabazas, brujas, calaveras, fantasmas y seres oscuros de toda índole, que nos recuerdan otro sinvivir, pero de verdad, la muerte. Digamos que la sociedad, blandita ella, pretende que sólo experimentemos el lado amable y distendido del asunto: el miedo también puede ser divertido; las ánimas, animosas; los difuntos, chistosos; y la muerte, un disfraz carnavalero.  No me niego a sacar a la luz la parte liviana de las cosas, al contrario, lo celebro. Pero todo tiene su otra cara, la real y cruda, y no está de más celebrarla en ese sentido también, de forma natural. Porque todo llega y nos llegará a nosotros un buen o mal día, según se mire, el momento en que nos esfumaremos. Hay que tenerlo presente. Si no somos devotos de los cementerios, al menos realicemos un paseo por la memoria. Las personas queridas que nos dejaron merecen siempre nue...

Café y Komorebi

Existen palabras que definen a la perfección el concepto de la cosa a la que se refieren. Algo concreto que no da lugar a dudas, porque la asociación con su significado es inmediata. Como el café. Y hay conceptos, con forma de sensación, que no encuentran su palabra definitoria salvo en el idioma origen de su creación. Es el caso de komorebi, término únicamente japonés. No existe equivalente en otra lengua. Significa “los rayos de sol que se filtran a través de las hojas de los árboles”. Hace referencia a un momento concreto en el que se produce un juego de luces y sombras, y acoge tanto el paso de la luz entre la vegetación como el reflejo que provoca, la sombra proyectada sobre otros objetos.  La cultura japonesa es hábil en dar nombres a ciertas emociones estéticas. La delicadeza y la sensibilidad con que miran y admiran dotan a su lenguaje de una riqueza poética sin igual. Komorebi es un ejemplo recién descubierto que desde ya mismo j’adore . Y cuando digo j’adore quiero decir...