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Mostrando las entradas etiquetadas como filosofía

Fútbol, filosofía y fantasmas

He pensado muy mucho si escribir mis reflexiones a propósito del internacional juego del balompié. Y ahora que, por fin, los medios ya no hablan tanto de fútbol tras la apeada de la selección española del Mundial, voy a hacerlo yo. Lanzo mi saque de esquina, a ver si va en la buena dirección. Confieso que de fútbol entiendo, o al menos entendía, cuando hace ya unos añicos no me perdía ni un partido del Real Zaragoza. Estoy hablando de cuando Pardeza, Belsué, Aguado, Cáceres, Nayim, …y Esnáider, sí, mi querido Juan Eduardo que tantas alegrías me daba. Porque me gustan las personas con genio, garra, sangre caliente y espíritu guerrero aunque a veces yerren o pierdan el norte. Yo sólo veía partidos por televisión “al calor del amor en un bar”, pues no he pisado la Romareda salvo para ver algún gran concierto, al papa Juan Pablo segundo “te quiere todo el mundo”, y sí, una vez a un partido R Zaragoza-Valencia FC, al que mi padre se empeñó en llevarme, siendo él valencianista, y con asiento...

Coeficiente de sensibilidad

  Cuando iba al colegio, allá por el curso séptimo u octavo de EGB creo recordar, nos sometieron a las alumnas a unos test para medir el coeficiente intelectual. Se incluían infinidad de pruebas: de cálculo numérico, agilidad visual, comprensión verbal, capacidad viso-espacial, razonamiento, …cosas así. Supongo que, además de servir de trabajo fin de carrera o de investigación a la señorita psicóloga que nos explicó el procedimiento, nos repartió y recogió todos los ejercicios en papel, y finalmente envió la ficha de resultados a nuestros padres, digo yo que tendría la función de orientarnos psicológicamente para elegir la rama de ciencias o letras. Sólo sé que no se me dio mal, incluso me gustó, porque me lo tomé como un juego. Tampoco me quedé con el dato clave: el cociente intelectual, pero vamos, ni genio ni superdotada, ni me importa demasiado. Con una perspectiva temporal, ya muy inmersa en la adultez, me pregunto por el valor práctico de conocer la medida potencial de nuestr...

Los días pensados

A la mayoría, tras un instante de reflexión o quizá como consecuencia de un calentamiento cerebral, nos ha dado por pronunciar alguna vez esa frase que reza: “El día menos pensado…” Con cierto tono amenazante, avisamos de que algo va a ocurrir por decisión propia, por la de una tercera persona o bien por determinadas condiciones adversas. Un pájaro ronda atrapado en nuestra jaula mental. Un cambio, que se antojaba a largo plazo, deviene ya casi inminente. Hay dichos que reflejan bastante bien esta idea. “Caerá por su propio peso”. “Donde menos se piensa salta la liebre”. “Yendo y viniendo, lo que había de ser va siendo”.  El día menos pensado, en realidad, es mentira. Ese día, cuando llegue, lo que sea que quieras que suceda, lo pensarás, sí, lo llevarás pensado de antemano y actuarás según tus propósitos. Y, si el hecho depende de circunstancias externas, entonces resulta impredecible, porque el futuro siempre es incierto. Con lo cual, el ‘día menos pensado’ carece de importancia,...

De violencia, violentos y violetas

A tenor de la actualidad, quiero expresar mi rechazo a lo que resulta una cualidad totalmente descartable en una convivencia. Se trata de la violencia. Etimológicamente deriva del adjetivo en latín violentus : “el que actúa con mucha fuerza”. Y se verbaliza en violare : actuar violentamente, agredir. De ahí surge violar y violación. Tenemos un grave problema cuando ejercemos la violencia para expresar nuestro descontento (sujeto primero), cuando nos solidarizamos con ese sujeto mediante protestas agresivas (sujetos segundos), y después, cuando los cuerpos y fuerzas de seguridad responden a esos protestantes con excesiva autoridad (sujetos terceros). Ya entenderéis de qué hablo. Violencia llama a más violencia. Nunca es una solución. Y no importa si cualquier sujeto la aplica verbal o corporalmente, por acción, omisión o silencio cómplice; si es a persona, animal u objeto; asimismo, si responde a una causa o gratuitamente. No existe justificación al hecho de agredir con fuerza e i...