Ir al contenido principal

Entradas

Una de Héroes

A propósito del estreno ayer, día de Aragón, de la película documental “Héroes: silencio y rock&roll” en una famosa plataforma digital, hoy me apetece escribir unas líneas hablando de ellos. Nunca lo había hecho y ya tocaba. Sí, vi el documental. Lo esperaba con una mezcla rara de curiosidad y escepticismo. No me ha defraudado; es más, me ha producido gran placer. Comienzo por felicitar al director Alexis Morante por su delicadeza, agilidad, objetividad y cariño en la elección y tratamiento del material audiovisual, que es excelente. Debo destacar los maravillosos paisajes del territorio aragonés que introducen la historia, con la emocionante voz de Labordeta entonando su ”Polvo, niebla, viento y sol”, y otros, sorprendentemente bellos hasta para una paisana que bien los conoce, que van jalonando diversos pasajes hasta el final. Héroes del Silencio. No hablamos de una formación musical cualquiera. En el film queda muy claro. Y quizá muchos encuentren respuestas a interrogantes ...

Pequeñas grandes cosas

Sabemos perfectamente que el mundo de lo vivo está constituido por los humanos, los animales y los vegetales. Desde el punto de vista biológico, se trata de seres que nacen, crecen, se reproducen y mueren, aunque en ese proceso también influyan enfermedades y accidentes. Parece que lo orgánico, por su capacidad de desarrollo en el tiempo, está dotado de un cierto movimiento que define lo que llaman vida. Algunos filósofos añadieron a este atributo el concepto de “alma”. Yo creo en el alma de los seres vivos. Pero asimismo me gusta creer que ciertos objetos la poseen de igual modo. Esas ‘pequeñas cosas’ que decía Joan Manuel Serrat. A lo largo de nuestro existir nos acompañan seres materiales que vamos atesorando y forman parte esencial de nosotros mismos. Ese libro regalado por un amigo especial, el frasquito de perfume ya vacío que todavía contiene el aroma de tu adolescencia, el juego de sábanas delicadas, aún sin estrenar, que formaba parte del ajuar que tu madre te preparó un d...

Acusaciones. "De Madrid a... ¿dónde?"

Una campaña electoral debería ser una muestra temporal de un proyecto bien estudiado y consensuado por los miembros de una asociación, partido o grupo político que aspire a gobernar a sus conciudadanos. Dicho proyecto, con líneas perfectamente definidas, fruto de un trabajo previo concienzudo, tendría que llevarse muy aprendido por parte de los diferentes portavoces y representantes candidatos a ser elegidos. Y estos aspirantes, a los que llaman ‘líderes’ de sus propias formaciones, deberían hacer honor a dicho apelativo, no con grosor y acidez en sus palabras, sino con brillantez en sus discursos. Me llama la atención, a la vez que me indigna bastante, escuchar de la mayoría de los actuales “campañeros” madrileños variopintas acusaciones que vuelan de unos a otros, junto a descalificaciones e insultos sin reparo alguno, gratuitos. Y, oigan, parecen muy convencidos de que es una estrategia efectiva eso de intentar destruir al adversario. Señores, no combaten en una guerra. Vamos a ll...

En compañía

  Tengo una gata, Umeboshi, que está a punto de parir, y un gato, Canelo, que es su hermano. Su madre, Princesa, tuvo siete lindos gatitos que fue criando hasta que se hicieron casi   adolescentes. Todos eran muy felices y yo también observando su evolución. Un día Princesa consideró que ya les había enseñado lo suficiente para saber sobrevivir, el conejico que como buena madre cazaba a diario no daba de sí para semejante prole ya carnívora devoradora, y decidió cambiar de hogar. Quien quiso la siguió, ayudó a algún indeciso o indecisa, y todos desaparecieron a excepción de Canelo. El nombre se lo asigné por el color de su pelo, pero también por su timidez. Igual me equivoqué y realmente supo decidir bien. Al fin y al cabo, aquí contaba-cuenta con su ración segura de pienso, algún resto de comida sobrante y mimos a diario. El caso es que, pasado un mes de la huida, cual hermana pródiga, regresó la hermosa de ojos verdes Umeboshi. No debió de gustarle la vida nómada de su fam...

Lenguaje huero

Saber expresarse con naturalidad y con una cierta cultura lingüística debería ser una condición indispensable para cualquier profesión relacionada con el servicio público. La difusión de mensajes a la ciudadanía por parte de la clase política, asimismo por parte de quienes se encargan de transmitirlos o cuestionarlos, los medios de comunicación, adolece de unas carencias cada vez más hirientes, salvo excepciones. El vocabulario empleado, en unos casos se vuelve simplón, en otros farragoso, y en la mayoría de ellos pretenciosamente engañoso. En suma, suele reflejar un vacío de contenido. Esta característica se manifiesta más patente cuando vivimos un periodo electoral. De un tiempo a esta parte se suceden sin tregua, por lo que nos encontramos permanentemente expuestos y deberíamos estar al menos un poco avisados en la materia. Llevo tiempo observando algunas ‘coletillas’ de uso muy común en los discursos políticos. Su objetivo es el rebozo, así, como suena. Recurso fácil para rel...

Como las manos de un niño

Una tierna criatura humana de un año de edad es lo más parecido a una flor recién abierta por primavera. Como en una conjunción astral fantástica, este sábado mi estar vital cuenta con los tres seres: niña, flores y llegada del ‘ primo v ēre ’. Ah, que no me refiero a un familiar lejano turco, de lo cual me alegraría mucho también. Es la forma en latín de decir ‘primera primavera’. Hasta el siglo XVII eran cuatro las estaciones: verano, estío, otoño e invierno. Al verano se le llamaba Ver ānum t ĕmpŭs , que significa literalmente ‘tiempo de primavera’. Después Cervantes designaba al periodo que va desde mediados de marzo a mediados de septiembre con tres nombres: ‘primavera’ al comienzo, ‘verano’ en su parte intermedia, y ‘estío’ hasta el final de la estación. Fue a finales del siglo XVIII cuando se hace normativo, por su uso común, llamar ‘primavera’ a lo que venía siendo el verano, así como ‘verano’ a lo que hasta ese momento se llamaba estío. ¡La primavera!, ese esperado tiemp...

Política, politiqueo y mafia

Hoy va a ser una de arena. Salto al ruedo ya: estoy dejando de creer en la política y sus secuaces, es decir, los políticos. Cada vez más. Política, del griego polis : ciudad. Ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los estados. Actividad de los que gobiernan o aspiran a gobernar los asuntos que afectan a la sociedad o a un país. Objetivamente, ya no se le puede llamar ciencia. Se ha convertido en una aspiración al poder. Y, una vez alcanzado, en una negociación permanente para mantener ese estatus. A los simples ciudadanos sólo nos queda ir a votar cuando somos convocados, hacer huelgas y manifestaciones para sentir que no estamos solos a la hora de protestar, y tragarnos en los medios de comunicación interminables horas de debates de tinte político donde los opinadores en nómina: periodistas, politólogos, exministros, políticos en paro, y hasta jueces, se convierten en expertos analistas. Y no me fío de los que presentan como ‘...

Tierra

Me produce un especial placer manipular la tierra con las manos desnudas. Tierra como materia, como la define la rae en su tercera acepción: material desmenuzable de que principalmente se compone el suelo natural. Llevo unos días trasplantando hierba, que nace donde no debe, a trozos del jardín que se han quedado ‘calvos’. Es una tarea lenta, pacífica, alguien diría que ridícula. Ahora me agacho aquí, cavo cuidadosamente para sacar el mechón verde con su raíz de entre las piedrecillas, después me levanto, me acerco hasta el lugar de destino, vuelvo a agacharme, cavo de nuevo para hacer un agujerillo de tamaño acorde al penacho, introduzco la plantica ayudándome de un utensilio con punta de pie de cabra, y finalizo empujando la tierra con los dedos para apelmazarla bien. Claro está que acumulo varias briznas de vez y las planto consecutivamente. En esta entretenida labor, suelen observarme mis dos huéspedes gatunos: Canelo y Umeboshi. Merodean, se interponen entre mis rodillas y e...

Patrañas y especiotas

  La lengua castellana cuenta con un vocabulario tan rico, que da gusto pasearse por un diccionario, si es el de María Moliner mejor que mejor, y descubrir palabras al azar. Me maravillan las palabras. Cuando estudiaba la EGB (Educación General Básica) tenía una asignatura favorita: lenguaje. Ahí entraba el vocabulario, la gramática y la ortografía. Todos los ejercicios eran para mí un juego. Recuerdo el de ‘cada oveja con su pareja’, que consistía en enlazar vocablos de dos columnas con un significado similar o contrario; aprendíamos las conjugaciones de los tiempos verbales como un concurso en que si acertabas adelantabas un lugar en la fila; rellenar el hueco vacío en una frase con la palabra adecuada suponía un logro fantástico. Pero lo que me producía más satisfacción era descubrir sinónimos y antónimos. Eso suponía consultar el fabuloso mundo del diccionario. Todavía me acompañan algunos tomos de enciclopedias de consulta y diccionarios varios: de latín, de español-francés y ...

De violencia, violentos y violetas

A tenor de la actualidad, quiero expresar mi rechazo a lo que resulta una cualidad totalmente descartable en una convivencia. Se trata de la violencia. Etimológicamente deriva del adjetivo en latín violentus : “el que actúa con mucha fuerza”. Y se verbaliza en violare : actuar violentamente, agredir. De ahí surge violar y violación. Tenemos un grave problema cuando ejercemos la violencia para expresar nuestro descontento (sujeto primero), cuando nos solidarizamos con ese sujeto mediante protestas agresivas (sujetos segundos), y después, cuando los cuerpos y fuerzas de seguridad responden a esos protestantes con excesiva autoridad (sujetos terceros). Ya entenderéis de qué hablo. Violencia llama a más violencia. Nunca es una solución. Y no importa si cualquier sujeto la aplica verbal o corporalmente, por acción, omisión o silencio cómplice; si es a persona, animal u objeto; asimismo, si responde a una causa o gratuitamente. No existe justificación al hecho de agredir con fuerza e i...

Sin tapujos. [Arrojaescudos, sí, ¿y qué?]

  Hablemos de tapar, tapaderas y tapujos. La gran paradoja de la obra teatral que representamos ante el mundo consiste en que pretendemos mostrar una imagen divina y demostrar una actitud de seguridad, y a la vez consentimos que el dueño del teatro nos corte las alas soñadoras censurando nuestros supuestos dislates, tápese por favor. Mientras tanto, todo aquello que queremos ocultar, lo íntimo, lo doméstico, nuestras miserias o pecados, todo eso es absorbido en forma de datos algorítmicos por los grandes mecenas de este espectáculo. C’est la vie . Pagamos un precio, siempre. Tapar o destapar implica un acto voluntario de cerrar o abrir un contenedor por medio de una tapadera. Pero lo importante no es el acto en sí, sino el contenido, que adquiere inmediatamente un cariz de valioso. Alguien quiere protegerlo. O alguien quiere descubrirlo. Y, al hablar de tapadera, la cosa ya huele a cierto delito. Me da la sensación de que estamos rodeados de tapaderas, tanto a gran escala como a ...

Preocupaciones

Nos hallamos todos entretenidos, porque el mundo resulta así de caprichoso, en cómo salir a flote e indemnes de este sinvivir que es una situación pandémica. Nuestros hábitos se han visto trastocados hasta tal punto, que no nos encontramos ni a nosotros mismos. ¡Carallo! ¿Quién lo iba a decir? Recuerdo cuando cumplí los dieciocho. Estaba contenta, pues suponía para mí un cambio significativo: se me abrían las puertas a un sinfín de experiencias, entre ellas el permiso de conducir, la mayor libertad de horario, la oportunidad de salir a estudiar fuera del pueblo; a los ojos de los demás ya era una persona hecha y derecha, mayor de edad, yo misma. La vida por delante. Fantástico. Sin embargo, fue muy diferente al cumplir los veinte. No lo celebré igual. Mi sensación fue de cierto temor, me caía un gran peso encima: el peso de la responsabilidad individual. Ahora sí que sí, ya no dependo más que de mí y de mis actos. Y llegaron las preocupaciones.  Preocuparse. Ocuparse de algo antes ...

Reírse del mundo

Emiten en televisión un anuncio publicitario sobre un producto, de cuyo nombre ahora no quiero ni puedo acordarme, bastante sorprendente en su mensaje. En una reunión familiar, el joven hijo, temeroso de la posible bronca que le va a caer, le comenta a su padre que le ha rayado el coche. En el televisor del fondo se oyen las noticias, desesperanzadoras un día más, sobre la pandemia que nos toca vivir. El padre lo mira y, de repente, suelta una carcajada. El ambiente tenso se torna distendido. En otra escena, una chica sale de su casa: al mismo tiempo que cierra la puerta se da cuenta de que ha olvidado las llaves dentro. Su reacción no es de fastidio, al contrario, se le ilumina la cara con una gran sonrisa. Le siguen dos escenas similares: la de una pareja que coge el coche para ir a divertirse y no arranca, y la de una vivienda donde sus moradores observan cómo una inesperada gotera quiere arruinarles lo que iba a ser un prometedor día. En ambos casos los protagonistas también reacci...

Gigantes y cabezudos

Me gusta lo pequeño.  Lo mediano suele funcionar, pero es aburrido. Grande es un adjetivo que admito sólo para alabar a una persona, un acto o un descubrimiento. Aunque para las alabanzas existe una extensa variedad de calificativos mejores a elegir. Me atrae mucho más mirar por un microscopio que por un telescopio. Lo diminuto se me antoja apasionante, mientras abomino de lo gigante porque me pierdo en la inmensidad y porque me suena a algo agresivo, amenazante, excesivo, y a la vez hueco, frío, cavernoso. Los gigantes, esos seres mitológicos, literarios o de la cultura popular, que al fin y al cabo viven en nuestra imaginación o alimentan recuerdos infantiles, nos inspiran más ternura y simpatía que terror. Sin embargo, existen en la actualidad unos entes enormes, reales, aspirantes a verdaderos monstruos, a los que se conoce por el nombre de “Los gigantes de…”. Y nos resultan bien ‘familiares’. Añádase tras los puntos suspensivos: la comunicación, internet, el petróleo, la energ...

Blanco níveo

Por estos lares la nieve resulta algo excepcional. Y, cuando llega, provoca reacciones de toda índole. La primera es ilusión. Nos ilusionamos y asombramos. La observamos caer con una emoción desbordada, como lo hace un niño, como lo hicimos nosotros mismos en nuestra niñez. A pesar de las molestias que ocasiona a muchos niveles, parece que el augurio de buenaventura sobrepasa en alto grado a los inconvenientes prácticos. También nos genera un ímpetu por pisarla, tocarla, interactuar con ella y, por supuesto, que nos haga cosquillas en la cara. Momentos felices. Para mí hay dos cosas sobresalientes de este elemento que me seducen y me atrapan. Una es su color. La nieve posada, sin mácula, es de un blanco sobrenatural. Pura luz, fría, pero luz, de la que no molesta mirar. Lo he comprobado hoy. Todo lo que yo creía blanco: el pelo de mi gata Umeboshi, las sillas de plástico del jardín, los desconchados calíferos del muro, han resultado amarillentos o ligeramente oscuros, junto a la superf...

Esperando

Nuevo año, nueva… ¿qué? ¿Vida? ¿Esperanza? ¿Qué es lo que realmente esperamos? Me pregunto. Seguramente son más fuertes los deseos y los sueños. Porque implican una intención, provocan una actitud, espolean los costados de nuestro yo “noble bruto” para convertirlo en trotón o corcel. Y ahí se desencadena una secuencia de uves victoriosas: Voluntad, volante, voltear, volcán, voladura, voltaje, volcarnos, volar, volatilizar, ¡volavērunt! (volaron), volver (a empezar). “El que espera desespera”, nos dice el dicho. También que “La esperanza es lo último que se pierde”. Y “De nadie esperes lo que por ti mismo hacer pudieres”. O “El que esperar puede, alcanza lo que quiere”. ¿Cuál define nuestra personalidad? ¿De qué lado estamos?  Espero y deseo que… Eso es pedir mucho. Mejor: voy a hacer todo lo que pueda por… ¡Qué solos estamos! Las circunstancias obligan. Y, sin embargo, desde nuestro aislamiento esperamos recibir mensajes de los demás, cuando sólo nos comunicamos (y no es mi caso) c...

¿Necesidad o necedad?

Hoy los medios nos han dado una gran noticia: ha llegado a España la vacuna anti-covid-19. Los reporteros de diferentes televisiones y comunidades autónomas ya nos han anunciado in situ que mañana se inyectarán las primeras unidades, en qué lugares y a qué tipo de personas. Igual que nos han ofrecido imágenes del primer y único paquete de vacunas (simbólico) cubierto con una gran pegatina amarilla con el logotipo de Gobierno de España, me juego un vinito a que, sin rubor alguno y en domingo, retransmitirán en vivo y en directo el momento preciso en que se introduce la primera aguja en vena, así como el rostro, el nombre, la edad y condición tanto de la enfermera practicante como del paciente receptor. Además, imagino que un número indeterminado de móviles sanitarios anónimos filmarán la magnífica escena para que no falte detalle. Declaraciones en exclusiva, imágenes repetidas en bucle, entrevistas hasta a vecinos que pasean por delante de la puerta del hospital o residencia de anciano...

De membrillos

Hoy he cocinado carne de membrillo. Mi madre me ha enseñado a prepararla y saborearla, y mi padre a amar el fruto que con tanto primor cultiva junto a otros frutales. Su nombre científico es Cydonia oblonga . En la antigua Grecia era un fruto consagrado a Afrodita con el nombre de chrysomela , esto es, ‘manzana de oro’. Fue símbolo del corazón y los enamorados enviábanselo atravesado con una saeta. Así pues, el membrillo se ha relacionado tradicionalmente con el matrimonio, la fertilidad y el sexo. A principios del s. XVII el maestro Diego López recomendaba en unos versos que la esposa, antes de acostarse con su esposo, comiese un membrillo, pues importa que la gracia que sale de la boca y de la voz debe ser bien compuesta, y el membrillo rehace el corazón y pone suave aliento. Asimismo Cervantes, en la segunda parte del “Quijote”,  escribe un pasaje donde el médico Pedro Recio recomienda al gobernador Sancho Panza una dieta específica “para conservar su salud y corroborarla”, que ...

Nuevas tecnologías [Parte I]

El término “tecnología” procede del griego téchnē (arte) y lógos (tratado). Fíjense, para dar con ese significado tenemos que dirigirnos a la tercera acepción que aparece en la RAE: Lenguaje propio de una ciencia o de un arte. Sin embargo, la acepción principal, la número uno, a lo que debemos atender es: Conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico. El mundo se vuelve pragmático. Cambiamos el arte por la ciencia, el disfrute creativo por la productividad, el tiempo de recreo por el cronómetro, la belleza por la utilidad, la filosofía por el márketing, el conocimiento por la información. Cuando todo puede coexistir en su justa medida, los que deciden ahí arriba pretenden polarizar nuestra forma de vivir hacia derroteros bastante fríos y tecnológicos. Añadamos ahora el adjetivo “nueva”, que es como darle el toque maestro. Y en plural, ya ni te cuento. Nuevas tecnologías. Resulta algo sugerente, tentador, seductor. Resuena e...

De imperfecciones, defectos y otras frustraciones

¿Buscamos la perfección? Yo sí, de toda la vida. Será por eso que me encuentro defectos desde siempre. El tiempo va cambiándolos; más bien digamos, suavizando la visión que tenemos sobre ellos. Venimos a este mundo con alguna tara, perceptible o acurrucada. Lo asimilamos, tampoco es para tanto, y tratamos de potenciar aquello que sabemos no del todo perfecto pero por lo menos no va a decepcionar, casi que nos conformamos con eso. Sin embargo, he aquí que en algún momento llegan los accidentes, la enfermedad, el deterioro. ¡Ay, amiga! Con eso no contabas ¿eh? Pues no, nunca se cuenta con eso. ¡Qué mala suerte! ¿Por qué yo? ¿Ahora? ¿Ya? Son algunas de las expresiones que nos vienen a la cabeza. Fallo del sistema. Alarma. Alarma. No se puede reiniciar. No hay vuelta atrás. Aunque la mayoría de las veces existe remedio, cura, alivio, parches o prótesis. Y a seguir caminando. Los objetos se estropean por el uso, fundamentalmente. También por el rozamiento, la climatología, o incluso la obso...