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Opinarse encima

Las dualidades conviven en el mundo desde que lo es. Cualquier dualidad que se precie, incluye la complementariedad, es decir, uno necesita del otro, ambos coexisten porque se tienen y sostienen. A nivel de comunicación, que me interesa especialmente, el asunto no se queda atrás, y así hay locutores y radioyentes, actores y público, presentadores y presentados, escritores y lectores. Unos sin los otros carecen de sentido. Y viceversa. Amor recíproco. Y llegamos al territorio de los opinadores. Ay, ése es otro cantar. Porque, por lo general, son sujetos invitados a opinar, bien sea por un programa de tv, de radio, una publicación periódica o simplemente son autónomos en redes digitales. ¿Quién es su complementario? ¿Quién los necesita? ¿A quién necesitan ellos? Complicado.  Emitir una opinión sobre un asunto conlleva problemas. El principal es el propio acto de opinar. Se comienza internándose con precaución en sendas desconocidas y, si se baja la guardia, se puede pecar ejerciendo ...

¡Que ustedes lo elijan bien!

Elegir y ser elegido son dos opciones que marcan una democracia. Poder elegir mediante un voto convierte al ciudadano en pequeño artífice de un futuro próximo. Votar, del latín votum (promesa hecha a un dios, deseo), se erige entonces como un arma de construcción masiva. Para poder ser elegido se requiere, ante todo, una voluntad de servicio público y un compromiso de representación responsable. Se vienen elecciones. Ignoro si a la mayoría de votantes les moverá un impulso consciente o inconsciente a la hora de lanzar la papeleta a la urna. Ser fiel a un color, un partido o unas siglas por herencia o convencimiento ideológicos suele ser lo más corriente. El corazón manda. Pero albergo la esperanza de que en un momento tan decisivo los ciudadanos se paren a pensar para decidir con cabeza. Es un trabajo, lo sé, que requiere cierta inversión de tiempo en leer, observar, escuchar y analizar a los diferentes candidatos. Si estos ya han ejercido sus gestiones, hay que comprobar el nivel de s...

¿Empoderadas?

El progreso siempre lleva o debería llevar implícito un avance en materia de derechos y libertades, sobre todo de los sectores menos favorecidos, para alcanzar el equilibrio. Cuando progresar, en realidad, supone la extremización de tendencias, la polarización y el desequilibrio, entonces la cosa no pinta bien, nos engañan. La conmemoración del 8M cada año da para reflexionar en este sentido. La mujer, ese ser marginado, ninguneado, cosificado, maltratado o ignorado a lo largo de los siglos, ha conseguido por fin hacerse oír en un mundo de hombres. Y gracias a insistentes reivindicaciones, protestas, luchas, sacrificios y movimientos feministas, hoy hemos alcanzado una equidad ‘bastante decente’ entre machos y féminas, si comparamos con un ayer no tan lejano. De acuerdo, todavía queda por hacer. Pero el tiempo de las brujas, monjas, esclavas, abnegadas esposas, madres reproductoras sin control y niñas inocentes ya pasó. Ahora ¡hemos llegado al empoderamiento! Ejem. Disculpen mi carrasp...

Psiquiatrizar la vida

El panorama de dolencias psicológicas y psiquiátricas cada vez es más extenso y determina gran parte de nuestras relaciones. ¿Qué está ocurriendo? Yo me pregunto si realmente los trastornos de la mente y la conducta son más numerosos y evidentes, o es que los especialistas nos los muestran con mayor frecuencia y se difunden rápidamente. Porque ahora proliferan los síndromes de todo tipo y de dudoso fundamento: posvacacional, del nido vacío, del cambio de hora, de la cabaña, del impostor... Éste último acabo de descubrirlo y me ha dejado atónita. Consiste en pensar, cuando uno triunfa, que ha llegado ahí por suerte y que en el fondo no lo merece. Sentirse un impostor y temer que te descubran. Vaya… ¿Y a eso hay que llamarlo síndrome? Por favor, dejemos de banalizar, pues estamos convirtiendo en enfermedad unos simples procesos a los que sólo hay que adaptarse. Entre miedos, fobias e hiperactividades varias nos están presentando un escenario cuasi-infantil, donde cualquier carita triste,...

Sonríe o muere. La honestidad bajo mínimos.

¡Qué bonito todo! Sonreír nos acerca a la comunidad desconocida del otro lado del espejo. Mas una sonrisa permanente ya no es creíble. El espejismo no engaña: 'es' el mismo engaño, honestamente hablando. Te ofrezco el menú de hoy, exclusivo para ti, que sé que me adoras. De primero: ensalada de emojis, fresca y primaveral. De segundo: solomillo de ego, tiernísimo, acompañado de esferificaciones poéticas con aroma de narciso. De postre: lacitos rellenos de crema amorosa salpicados con pepitas de chocolate amargo. Ven y pruébalo. Págame fácilmente, con tu tarjeta de ‘likes’. Todo son ventajas. Yo feliz, tú también. Sonrisa aquí, sonrisa allá, maquíllate, maquíllate. Un espejo de cristal y mírate, y mírate. ¡Miénteme, tonto! Ten piedad de mí. Haz como que me quieres, como que me escuchas, como que te importo. Tu mentira es mi gasolina, tus besitos mi motor, tu ‘me gusta’ mi volante. Y allá vamos, por la carretera que lleva directa al éxito. ¡Qué bonito todo! Sonreír o morir, ésa e...

No será para tanto

En las alegrías y en las penas de uno siempre hay quien trata de suavizar los efectos. Relativizar: ahí está la clave. ¡Einstein que estás en los cielos! Entre tomarse algo ‘a la tremenda’ y ‘quitar hierro al asunto’ a veces existe un verdadero abismo. Y todavía se ensancha más cuando por un lado o por otro la cosa ‘se va de madre’. Es entonces el momento en que debería aparecer la voz del sentido común con lo de ‘ni tanto ni tan calvo’. Hoy ha llegado a mí la noticia de que la humanidad se encuentra a solo 50 segundos del fin del mundo, según el ‘Reloj del Apocalipsis’. Si uno se queda con la primera parte del titular, a bote pronto impacta; después provoca la risa o la alarma, según estados de ánimo. Para relativizar la información debe uno tomarse su tiempo, leer o escuchar un poco más allá, reflexionar. Y así con todo. En general, los medios de comunicación, y más las personas que viven de ellos, tienden al alarmismo innecesario, a llevar los temas al extremo para captar la atenció...

Obras son amores, cifras son razones

Nos invaden las cifras, los resultados, los porcentajes, las ratios, los índices, los records. Permanentemente los números están en el aire: ordinales y cardinales. Parece ya una obsesión mediática la publicidad de cualquier producto, evento o simple información, asociada al ranquin que ocupa en su nicho de mercado. Y la obsesión deviene casi en enfermedad cuando lo único que prevalece es el crecimiento hasta alcanzar cifras nunca conocidas. Como ejemplo puede aportarse el último lanzamiento musical de una conocida cantante, exesposa de exfutbolista y defraudadora del erario público de España. Su tema ha obtenido millones de descargas en tiempo récord. Por supuesto, el hecho se ha convertido en lo más visto, lo más comentado y lo más difundido durante varios días en todos los medios. Cada año las Fiestas del Pilar se publicitan como las de mayor número de actuaciones programadas, el pregón con más público, la ofrenda de flores con más participación y la más duradera de todas las que ha...

De la noche, el silencio y conticinios varios

El castellano posee numerosas palabras para definir las diferentes etapas de la noche. En origen, la distribución medieval laica era tan simple como: primeros gallos (entre las 12 y las 3), segundos o mediados gallos (entre las 3 y las 6), y terceros gallos (entre las 6 y el alba); en cuanto a la eclesiástica, llamaban vigilias a las partes y eran dos: vísperas (de 6 a 12) y maitines (de 12 a 6); muy curiosa resulta la clasificación militar, que distribuía la noche en vigilias o velas: vela de prima (de 6 a 9), vela de la modorra (de 9 a 12), vela de la modorrilla (de 12 a 3) y vela del alba (de 3 a 6). Pero, sin duda, la más relevante es la división de San Isidoro de Sevilla. Para él eran siete las partes de la noche: vesper (anochecer, últimas horas de la tarde que preceden a la llegada de las tinieblas), crepusculum (luz incierta, claridad entre la luz y las tinieblas, desde que se pone el sol hasta que es de noche), conticinium (hora de la noche en que todo está en silencio, todo...

Feliz Navidumbre

Distancias, soledad, tristeza, nostalgia, ausencias, enfermedad, disputas, desacuerdos, desapego, pesar, pobreza, se manifiestan en contraste vital con excesos, brillo, escaparates, publicidad, lujo, símbolos religiosos y paganos, estridencias, poses, compras, sonrisas y ruido a porrillo. Es tiempo de Navidad, donde la vida multiplica sus sombras y luces en una fiesta ‘oximoroniana’. En este sentido, escuché el otro día en la radio el término Navidumbre, ideado por el psiquiatra Jesús de la Gándara, y me pareció acertadísimo. Se trata de un epítome simbólico, mezcla de “soledumbre, pesadumbre y nostalgia en el umbroso derrumbe del año”. No es una enfermedad patológica sino una dolencia, un sufrimiento que padece gran parte de la sociedad actual cuando llegan estas fechas. Para intentar paliarlo nos prescribe tres recetas: convivencia, luz y música. Tres alimentos para cuerpo, cerebro y espíritu. Somos conscientes de que la convivencia no siempre es fácil. Hablamos de familia. El términ...

Fútbol, filosofía y fantasmas

He pensado muy mucho si escribir mis reflexiones a propósito del internacional juego del balompié. Y ahora que, por fin, los medios ya no hablan tanto de fútbol tras la apeada de la selección española del Mundial, voy a hacerlo yo. Lanzo mi saque de esquina, a ver si va en la buena dirección. Confieso que de fútbol entiendo, o al menos entendía, cuando hace ya unos añicos no me perdía ni un partido del Real Zaragoza. Estoy hablando de cuando Pardeza, Belsué, Aguado, Cáceres, Nayim, …y Esnáider, sí, mi querido Juan Eduardo que tantas alegrías me daba. Porque me gustan las personas con genio, garra, sangre caliente y espíritu guerrero aunque a veces yerren o pierdan el norte. Yo sólo veía partidos por televisión “al calor del amor en un bar”, pues no he pisado la Romareda salvo para ver algún gran concierto, al papa Juan Pablo segundo “te quiere todo el mundo”, y sí, una vez a un partido R Zaragoza-Valencia FC, al que mi padre se empeñó en llevarme, siendo él valencianista, y con asiento...

Lo verás, pero no lo 'qatarás'

Casi a cada hora vienen recordándonos los medios de comunicación cuántos días faltan para el Mundial de fútbol en Catar. Concretamente  hoy  faltan ocho días. Ayer, el entrenador de la selección nacional de España, en un escenario a todo tren, ni que fuera el desaparecido Steve Jobs anunciando el último modelo de Apple, nombraba uno a uno a cada jugador elegido para componer el equipo estrella. ¡Qué despliegue sin merecerlo! Reconozco que tantos y tan preciados minutos de información futbolística en una televisión o radio pública me saturan y hasta me indignan. Lo llaman deporte, cuando sólo es un mercadeo insultante. Conforme se acerca la fecha del acontecimiento futbolero, el punto culminante informativo de hace unas semanas va perdiendo gas. Me refiero al hecho de que las autoridades cataríes insisten en declarar su intolerancia a la homosexualidad, centrada más en los hombres, pues el mundial es de fútbol masculino. En el país de Catar, o Qatar, con una superficie similar ...

Personas y persianas

Los ciudadanos tenemos la costumbre de solucionar nuestras necesidades acudiendo a profesionales, cuyos servicios deben ofrecer las garantías suficientes para convencernos y asumir el trato de pagar lo convenido. Para el correcto funcionamiento de estos asuntos lo normal sería el equilibrio entre ambas partes, oferta y demanda, sin olvidar que hablamos de personas, en un lado y en otro. Después de varias experiencias recientes, negativas en este sentido, he llegado a conclusiones un tanto desesperanzadoras. Y es que la cosa no funciona como debería. He realizado unos encargos a diferentes profesionales, concretamente a una empresa de estufas, a una imprenta y a una cristalería. Algo sencillo y concreto. En los tres casos el producto recibido ha resultado erróneo, imperfecto o inservible para su cometido final, con la consiguiente pérdida de mi tiempo y del suyo, de mi dinero adelantado inciertamente, de su prestigio y de mi paciencia, con el inconveniente de gastos extra por mi parte e...

Rompecabezas

Encajar las piezas de un puzzle es una misión que para unos resulta divertida y para otros tediosa, exasperante o incluso motivo de sufrimiento. Y es que la vida es un puro rompecabezas. Nuestra labor consiste en un continuo jugar a resolver sudokus, puzzles, sopas de letras, adivinanzas, los siete errores, las diez diferencias, enigmas ocultos, jeroglíficos, crucigramas, en fin, acertijos varios. Y digo jugar en el sentido de pasatiempo, entretenimiento o distracción. Pero, en sentido opuesto, existe el matiz de fastidio, trabajo o molestia a la hora de tomar esa labor como un problema. Personalmente, siempre he profesado una debilidad especial por los juegos de piezas. Construir, encajar, buscar el hueco preciso, ordenar, disponer armónicamente, son actividades que activan mi cerebro y a la vez relajan el sistema nervioso alterado por circunstancias externas. De hecho, creo que mi actividad laboral se forjó respondiendo a esa afición. La maquetación y el diseño gráfico tienen como fu...

Dibujos al cabroncillo

Los juegos de palabras son un recurso literario de humor fino, desenfadado y perspicaz, que cada vez se prodigan con mayor esmero en medios de comunicación, sobre todo en redes sociales, y curiosamente demuestran más atino que desatino. El doble sentido de una expresión puede llegar a ser jocoso si es bien aprovechado. Jugar a transmitir varios mensajes a la vez, creando cierto efecto cómico, da muy buenos resultados. Quevedo fue un maestro en ello. Se le atribuye el calambur más famoso de la historia (del italiano “calamo burlare” (burlarse con la pluma). En una muestra de ingenio, frescura y osadía, Quevedo se acercó a la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV de España, con un clavel blanco en una mano y una rosa roja en la otra y le dio a elegir entre las dos flores con el siguiente calambur: “Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja”. La reina, que era efectivamente coja y le enojaba mucho toda mofa hacia su discapacidad, ni se enteró del asunto. Así, nuestro...

Noches de Moscú

La ineptitud, el despotismo o la megalomanía del dirigente de un país nunca deberían ser condicionantes a la hora de sentir amor u odio por ese territorio. El pueblo que lo habita no lo merece porque ni es culpable ni debe responder por su líder, aunque se dé la circunstancia de que lo haya votado. Así, resulta muy peligroso generalizar atribuyendo a los habitantes de una nación las cualidades de su líder, o tópicos raciales definitivamente siempre injustos. Reconozco que siempre me ha atraído Rusia. Tanto el idioma, como las tradiciones, los paisajes, los museos, la literatura y un sinfín de pinceladas culturales han forjado en mi subconsciente un ferviente deseo de visitar las tierras que un día fueron soviéticas. Cosa que todavía no he conseguido. Si me detuviera para realizar un repaso histórico de las vicisitudes oscuras provocadas por los diferentes dirigentes que han liderado el país, hasta el actual Putin, surgiría sin duda un amargor que daría al traste con mis simpatías rusas...

¿Estamos en la luna?

Me ha surgido la pregunta: ¿Estamos en la luna? Si la tomamos en sentido literal se puede contestar no. De hecho, la NASA acaba de fracasar en su misión de enviar la nave Artemis 1 destino la Luna. Al parecer, tras detectarse varios problemas técnicos justo antes de la cuenta atrás y no poder solventarlos, se han visto obligados a suspender el lanzamiento y contemplar otras fechas para intentarlo de nuevo. Ha transcurrido más de medio siglo desde la última misión tripulada a la Luna, ¡medio siglo! Sinceramente, da mucho que pensar. Estamos hablando de 1969 y de la misión Apolo 11. Un viaje inaudito en un cohete, con tres astronautas a bordo, que aterrizan sin problema en la superficie lunar, se pasean, clavan una bandera, toman muestras del terreno, filman y fotografían todo el evento, se transmite en directo a la Tierra, y regresan sin sufrir percance alguno. No dudo de los conocimientos científicos, ni de los inmensos presupuestos manejados, ni del talento y esfuerzo de muchas person...

La belleza áurea de lo cotidiano

  En uno de los primeros cursos que realicé en la Escuela de Artes de Zaragoza me topé con una asignatura extraña. Se llamaba Naturaleza, materiales y tecnología.  Recuerdo perfectamente a la profesora: de aire algo hippy, como risueña y triste a la vez y con la mirada enfocada al infinito muy a menudo. En su ensimismamiento, de repente reaccionaba clavando los ojos en cualquiera de los alumnos, a la vez que formulaba una pregunta seria, para hacernos reflexionar. Casi a principio de curso y tras una larga disertación sobre el porqué de la belleza de algunos objetos y la fealdad epatante de otros, nos pidió que realizáramos un trabajo especial sobre la proporción áurea en relación con lo bello. Reconozco que el tema me subyugó. Revisé mis apuntes y, sin tener una enciclopedia o un libro a mano en consonancia con el asunto [claro, recordemos que entonces no existía la red para navegar en busca de información], comencé a observar a mi alrededor. En el reducido piso estudiantil d...

La memoria de los monstruos

Anda el mercado obsesionado por vendernos cada día maquinitas diversas con más memoria que el modelo anterior. En este sentido se entiende como memoria la capacidad de almacenamiento de información y conocimiento. Se le llama también memoria RAM, de acceso aleatorio, rápido y temporal; asimismo puede ser de almacenamiento masivo, lento pero de naturaleza más permanente. Otros tipos, menos comunes, llevan nombres como memoria holográfica, memoria de cambio de fase y memoria molecular. Datos, datos, datos... Estamos rodeados de pequeños monstruos ávidos de información, chupópteros de nuestro día a día, datos personales que subastan al mejor postor, quien los convierte en algoritmos, para después ofrecernos sueños que necesitamos comprar sí o sí. Y así, la memoria individual de cada criatura va mermando poco a poco, pues derivamos nuestra capacidad cognitiva a estas máquinas que nos hacen la vez de cerebro auxiliar. Producimos datos y los trasvasamos inmediatamente al monstruo con boca en...

Perversas intenciones

Dicen que la intención es lo que cuenta. Muy bien. Contemos: un fuego, dos fuegos, tres fuegos... Fuegos que son incendios. Incontables incendios en la Península Ibérica a lo largo de un verano abrasador. Se constata que buena parte de ellos, la mayoría, han sido intencionados. Habrá que preguntarse: ¿a quién beneficia? Resulta inconcebible una actitud así. A finales de los 80 se llevó a cabo una campaña en televisión llamada “Todos contra el fuego”. Diferentes personalidades, entre músicos y actores, nos cantaban el peligro que suponen las imprudencias en el medio natural y alertaban de que estaba en juego nuestro futuro con el eslogan “Tú lo puedes evitar”. Curiosamente en ninguno de los diferentes anuncios y publirreportajes aparecía el elemento fuego, porque se pretendía hacer hincapié en la belleza del paisaje sin llamas: bosques, montañas, prados, lagos, manantiales, animalillos, bomberos y gente alegre disfrutando con responsabilidad. Parece que en esa época también se reguló un...

Non ti preoccupare

Ayer observé que una expresión italiana era tendencia en una red social. #NonTiPreoccupare rezaba la etiqueta. Su significado en castellano resulta sencillo: no te preocupes, tranquilo, está bien, descuida, no pasa nada, no hay problema. Y me gustó. Se ve que el verano ya está plenamente instalado, no sólo en el ambiente casi irrespirable de la canícula sino también en la conciencia colectiva, y mucha gente se muere de ganas por expresarlo. Equivalente a la anglosajona y famosa ‘Don’t Worry, Be Happy’, nos sugiere desconectar de los problemas, preocupaciones y angustias varias, y dar a la mente un merecido descanso reparador. Desde luego, es imprescindible emplear el período vacacional, sea cual sea su duración, para tal menester. Mas lo que verdaderamente proporciona la deseada tranquilidad es una actitud que también adopta nombre italiano: ‘Dolce far niente’, es decir, el placer de no hacer nada. Ese dulce relax de contemplación, ese dejarse… ¡qué necesario es! Vamos, lo que en éste,...